Mujeres derribando barreras en Chargola Fucking Fest Femme
01/06/2017
Gustavo Avendaño (13 artículos)
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Mujeres derribando barreras en Chargola Fucking Fest Femme


En los últimos años hemos sido testigos, participes y cómplices silenciosos de debates respecto a la mujer. Sea por movimientos feministas, propuestas surgidas de bases o de la academia, e incluso a través de políticas apoyadas por el Estado al alero del manoseado “enfoque de género”, la chispa del “segundo sexo” hace estallar discusiones apasionadas donde la indiferencia pareciera ser la única respuesta desubicada, mientras la mirada crítica y empática se hacen más valiosas y escasas.

El Metal y el Rock han visto también un surgimiento en la participación de mujeres, personas LGBTIQ, de distintas razas y etnias. Pues no se trata solo de la música con tal o cual rasgo estético: el metal es también los colectivos y personas que producen, consumen y mantienen viva a una escena dentro de coordenadas culturales específicas. Lamentablemente hemos sido testigos también de cómo el “sexo vende”, y del chaqueteo a las bandas que cuentan con una o varias mujeres atractivas en sus filas.

Todo eso y más se viene a la cabeza cuando uno se propone ir a un evento como Chargola Fucking Fest Femme, instancia ideada por el productor Jorge Chargola y la música Cler Canifrú. Diez bandas reunidas en el Arena Recoleta el día sábado 27 de mayo, cada una con propuestas diferentes, siendo el rasgo común la presencia de una frontwoman.

Como realizar una descripción cronológica de las bandas sería innecesariamente largo –y aburrido para la mayoría de nuestros lectores- trataremos de hacer unas descripciones breves (para que sepa de lo que se perdió) y resumir algunas críticas negativas y positivas con una intención constructiva.

La Variedad
Diez bandas con dos denominadores comunes: caen bajo el paraguas del metal (con una excepción), y hay una mujer vocalista. Desde ahí se nos desparrama todo.

Tephiret ingresa con una propuesta de mezclar sonidos progresivos con ritmos irregulares (piense en Cynic sin el death metal) con sonidos étnicos y hasta un tanto psicodélicos, creando un ambiente lleno de texturas que resultaba francamente seductor, algo sin duda apoyado por el dominio que la vocalista Catalina Blanco demostraba sobre el escenario. Junto con los riffs setenteros del grupo, daban hasta ganas de moverse y sacudir el bote. En eso (y sólo eso) se parecen a Voodo Zombie, cuya frenética propuesta de Rockabilly invitaba a mover los pies aceleradamente (¡algunos miembros del público bailaron!) creando una atmosfera como de cantina del wild west.

Para mí la gran sorpresa de la noche fue The Fallacy, un grupo de metal gótico con influencias de industrial y synthrock. Aunque las canciones seguían una fórmula (riffs y baterías simples, teclados prominentes, juego entra las voces masculinas bajas y voces femeninas), me resultaron inmediatamente memorables y lograron sacar la parte de mí que habría deseado ser un adolescente gótico que va a las discos a bailar con Paradise Lost y Type O Negative.
También sorpresiva fue la banda Simone que tocaron adaptaciones metal de canciones de anime reconocibles para cualquier adulto joven que viera el Club de los Tigritos e Invasión (ya saben, cuando en la tele daban espacio a los niños y niñas). ¡Imposible no levantar los ánimos con los temas de Slam Dunk o Los Caballeros del Zodiaco!

En otros extremos podemos situar a Sangre de Acero, con su heavy metal clásico muy a lo Judas Priest, sin florituras ni adornos, versus el metal alternativo moderno de Von Dippel que hasta huele al año 2000. Ambas bandas resaltaron por la potencia y versatilidad de las vocalistas.

Entre las bandas “suaves” de la noche encontramos a Caterina Nix, tocando un power metal muy europeo y muy “flower” como dicen algunos, donde las guitarras toman un segundo plano para ceder todo el protagonismo a los teclados y las memorables melodías vocales. Y encontramos también a Cruor, un dúo acústico que abrió la jornada con una cálida respuesta del público gracias al buen desempeño en las guitarras y las voces.

Finalmente tenemos a Cler Canifrú y Crisálida, que cerraron la noche en una nota más introspectiva y compleja. Crisálida es uno de los grupos chilenos que he visto con más frecuencia y acá en Aggresion tenemos muchos fans de su metal atmosférico. Cler Canifrú fue uno de los puntos altos de la noche en cuanto a técnica, donde la cantante y guitarrista lució sus habilidades con el resto de su grupo.

¡Uf! Con tanta variedad es imposible darle en el gusto a todos los espectadores, pero también difícil no hallar una que otra joyita. En lo que a mí respecta, The Fallacy y Tephiret fueron las sorpresas más gratas, y agradezco la oportunidad de conocerlos gracias a este evento. Todas las bandas hicieron presentaciones con mucho entusiasmo, pudieron demostrar de qué se trata su propuesta, y en general la variedad dio un cierto dinamismo a la noche. Realmente hay poco de lo que quejarse en este aspecto.

Lamentablemente debemos destacar algunos puntos “malos” también. Los problemas de sonido se hicieron presentes en la mayoría de las presentaciones. Con Catarina Nix, por ejemplo, no pudimos escuchar las voces durante el primer minuto, ni la guitarra en los primeros temas. Por otra parte, en Sangre de Acero las voces estuvieron demasiado altas en la mezcla, haciendo que algunos de los gritos Halfordianos (¿es eso una palabra?) de Karina Contreras se volvieran desagradables. El resto del tiempo el sonido fue suficientemente claro como para apreciar la mayoría de los instrumentos y sentir la fuerza de la base rítmica de cada agrupación.

La demora en los horarios de las presentaciones fue otro problema importante –aunque sabemos que es, hasta cierto punto, inevitable en eventos de esta complejidad. Los retrasos se fueron sumando, y cuando era hora de que Crisálida cerrara la noche (23:30) seguíamos en medio de la presentación de Cler Canifrú (la penúltima).

Más grave a mi parecer –y esto ya no es problema directo de la organización- es la baja afluencia de público. Con alrededor de 60 personas, el Arena Recoleta se veía un tanto árido. A pesar del entusiasmo manifestado ante los shows más movidos, no era tanto lo que la experiencia colectiva podía aportar en estas circunstancias. Piénselo: 10 bandas de rock/metal, con propuestas variadas y todas con trayectoria, a sólo $5.000 (preventa). Pero es tal vez la cara ética del asunto lo más terrible: la falta de apoyo a la escena nacional (incluso cuando la oferta tiene suficiente plusvalía como para fetichizar la mercancía).

En conclusión
Se trató de un evento entretenido, dinámico y variado. Algunos problemas con la ejecución/organización, es verdad, pero nada que empañase la calidad y disfrute de este evento de una manera significativa. Desde mi perspectiva más neófita e ingenua respecto a la escena del metal chileno, me fue muy grato disfrutar y llegar a entender la propuesta de una banda, que su presentación termine en el momento justo para dejarte con ganas de más, y luego esperar a ver con qué te sorprende el siguiente grupo. Por otro lado, los veteranos de la escena tenían muchos grupos de trayectoria con los que reunirse en esta jornada.

La labor de las bandas y la producción no es menor. Por un lado, responde a la demanda por visibilizar y expandir la escena nacional, lo que podemos entender como una resistencia frente a la colonialidad que fetichiza las propuestas extranjeras como inherentemente superiores. Acá tuvimos bandas “clásicas” con sonidos claramente herederos de Europa o Estados Unidos, pero también contamos con propuestas nuevas e ingeniosas.

Y por otro, visibiliza la presencia y participación de las mujeres en una escena que sigue siendo terreno preferentemente masculino. Me deja con un sabor agrio que, en todos los casos, se tratara de una sola mujer en rol de frontwoman, pero observamos también mujeres con control y comodidad respecto a lo que hacían. El género ha avanzado para superar la homofobia y el fantasma la mujer como cara bonita colocada ahí por puro sex appeal, pero aún hay mucho camino por recorrer.

Por ahora, podemos regocijarnos un poco en que el metal en Chile sigue avanzando. Si queremos que así siga, que todos y todas nos pongamos las pilas.

Fotos: Cristian Carrasco

Show
4.5 de 5
Sonido
3.5 de 5
Setlist
4.5 de 5
Público
3 de 5

3.88

Bueno
3.88 de 5
Gustavo Avendaño

Gustavo Avendaño

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