Steven Wilson: El genio y su hipnosis.
20/04/2012
J.P Rodriguez (97 artículos)
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Steven Wilson: El genio y su hipnosis.


La segunda noche de Steven Wilson en Chile fue un desborde de emociones, sensaciones y complejidad sonora, todas ellas producidas por la música de una de las mentes creadoras más prolíficas de los últimos tiempos, Steven Wilson, quien logró hacer pasar a los asistentes desde sentimientos de profunda amargura hasta angustiosos y frenéticos pasajes, en un show de gran calidad técnica y cuidado diseño, del cual es difícil, por no decir imposible, despegarse hasta que la vorágine producida por el músico ha terminado.

Aún faltando varios minutos para el que sería el segundo concierto de Steven Wilson en ésta, su primera visita a nuestro país, su trama ya te obligaba a adentrarte en lo que sería su show a través del telón con proyecciones, a menudo intranquilizantes, y de música de fondo, cuyo ritmo parecía un latido que nos acercaba cada vez más al contacto con el genio.

Faltando pocos minutos para las 21:00 hr los músicos comienzan a subir al escenario; primero el baterista, Marco Minnemann; luego el bajista, Nick Beggs; posteriormente el tecladista, Adam Holzmann y, por último el guitarrista Nico Tsonev seguido por el hombre de los vientos, Theo Travis quienes van sumando sus instrumentos a la introducción de ‘No Twilight Within the Courts of the Sun’, para que luego se sume, ovación incluída, la mente y figura principal tras este show, Steven Wilson. El telón no cae durante la ejecución del tema y continuaría recibiendo las proyecciones por otros tres más, mientras los músicos tocan tras él, a continuación la banda luego interpretaría uno de los temas elegidos como singles de su último LP, ‘Index’.

Steven Wilson en Chile Steven Wilson en Chile Steven Wilson en Chile Fotos: Julián Pacheco

Wilson dirige, se mueve y gesticula como si la música emergiera de él mismo, como si cada movimiento produjera un sonido; la descalza figura del frontman pasa de la guitarra al teclado o al micrófono demostrando su talento de director y figura central mientras se suceden temas como ‘Deform To Form A Star’, que traería de su mano a la melancolía, para posteriormente dar paso a la tensión que chorreaba a borbotones por la amplificación con ‘Sectarian’, tensión que tenía al público cautivado, absorto en la música y las imágenes, para que sorpresivamente cayera el telón, inundando a los asistentes con luces, dejando ver a la banda directamente. Luego de ‘Sectarian’, Wilson despacha su primer “gracias, thank you”, bromea un rato con el público y habla de ésta, su primera vez en Chile y de que “no tenía idea de que alguien aquí conociera su música” y continúa la música con toda la emoción de ‘Postcard’. El espectáculo crece cada vez más y durante la interpretación de ‘Remainder The Black Dog’, que es una vorágine de sensaciones, podemos ver a Steven haciendo el signo de la cruz sobre su cuerpo mientras el intranquilizador sonido del saxo lo acompaña de fondo, además de proyecciones igualmente perturbadoras, siendo uno de los temas más aplaudidos de la noche. La parte más “digerible” del compositor aparece con ‘Harmony Korine’, de su disco Insurgentes, coreado por el teatro entero.

La destreza de cada músico es innegable y en varias de sus ejecuciones personales son aplaudidos por los asistentes; lo mismo pasa con las imágenes que se proyectan para cada canción, la producción de cada una de ellas es tremenda y cambian en conjunto con la música, haciendo de todo el escenario algo hipnótico, del que es difícil despegar la vista. Pasaría ‘Abandoner’ y luego la hermosa y etérea ‘Veneno Para Las Hadas’, cuyo ritmo de ensueño es guiado por proyecciones de aves y paisajes más las guitarras que se funden en efectos y la flauta traversa de Theo dirigiendo la marcha de la ensoñación, sin duda un gran momento, después del cual Wilson pregunta si estamos disfrutando y el público despierta para asentir.

Llegaba el momento de escuchar algo nuevo, que será parte de su próximo disco en solitario, el que posiblemente vea la luz en el próximo año: ‘Luminol’, un tema dividido en diversas secciones, gran parte del cual está liderado por el bajo de Nick Beggs y que es una composición digna de un genio que se codea y suele tocar con músicos como Tony Levin o Robert Fripp. Los temas se suceden con poca pausa y era el momento de ‘No Part Of Me’ que muestra la imagen borrosa y distorsionada del mismo show en las proyecciones de fondo. Para finalizar la primera parte del show, Steven pregunta a los asistentes qué tema quieren oir y, extrañamente, uno de los más pedidos es, a la vez, uno de los más complejos del autor, la gran ‘Raider II’, un tema de más de 23 minutos de duración, que es interpretado magistralmente por los músicos, con Wilson guiando los tempos en algunas secciones y con macabras imágenes perfectamente sincronizadas con las inflexiones y cambios de la canción; Acá es también cuando escuchamos, quizás, la sección más rabiosa cantada por Wilson en todo el concierto y la hipnosis del genio surte efecto, sin darnos cuenta casi hemos llegado al final del show y la complejidad de la música de Steven Wilson ha sido una sola con los asistentes. Los músicos comienzan a abandonar el escenario, esta vez siendo Steven el primero en dejarlo, seguido de Adam, luego Theo, después Nico y finalmente Marco y Nick. Para el encore, dejaban ‘Get All You Deserve’, en que los músicos terminan con máscaras de calaveras y Wilson con la máscara antigases con que aparece en su disco Insurgentes. Todo acaba en un calculado caos sonoro y llamas en el telón de proyección. El público apalude de pié y corea el nombre del cantautor, quien debe volver al escenario y tocar, acompañado solo por su guitarra acústica, aún dos temas más, esta vez de su proyecto mayor, Porcupine Tree; Los temas elegidos para este día son ‘Lazarus’ y la gran ‘Trains’, logrando un momento de gran conexión, bromeando entre los temas y despidiéndose con la promesa de vernos pronto a nuestro país.

Sin duda lo experimentado en el Teatro Caupolicán el día de ayer fue una experiencia difícil de igualar, un show diseñado y producido para absorber tu atención y para deleitarte con lo mejor del rock progresivo actual, en el que pudimos apreciar toda la capacidad de este hombre crítico de la sociedad actual y obsesionado con el universo, un show de ejecución prácticamente perfecta y cuya trama y banda sonora sólo pudieron haber sido facturadas por un genio cuyo nombre y apellido han sabido inscribirse en la historia del rock, más allá de sus numerosos proyectos: Steven Wilson.

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