Muchas personas se preguntan por qué todas las bandas emblema de antaño están recalando tan seguido en el país, o si en verdad valdrá la pena ir a verlos después de tanto tiempo, o si quiera si seguirán siendo los mismos de hace un tiempo atrás. Pero sin duda que las productoras se la juegan por traer a los viejos estandartes musicales, recordando la calidad de otros tiempos, de algunos ya mayores de terno y corbata que llegan después del laburo a presenciar a esas bandas que los han acompañado por gran parte de sus vidas.

Y es así como estas puestas en escena hacen vibrar a los asistentes, puesto que el tiempo, la calidad de los músicos y una buena organización de producción y sonido hacen que el tiempo perdido antes de su venida, se haga nada. Prueba de esto fue la venida de Testament, su segundo paso por el país luego de su concierto en 2007 y su estrepitosa cancelación del 2009, deja el 2011 como el año en que volvían al territorio chileno, con ganas, con fuerza y el testamento del heavy metal mundial. Sin embargo la antesala de los estadounidenses estuvo a cargo de Manatarms, banda nacional de un metal experimental el cual no fue del todo gusto de los asistentes, pero que su show pulcro y de buenos ritmos fue escuchado con respeto por el público que esperaban con ansias a la vedette de la noche. Pero faltaba un punto el cual debía hacer presencia en todo el show, el que dejaría los motores listos y dispuestos para la salida de Testament al escenario. Faltaba la puesta de escena y poderío de Nuclear, donde las cabelleras largas ondeadas por los riffs se hacían más presentes que nunca, media hora de show donde tocaron con el power de siempre, las líricas insignes del trash metal, contra las desigualdades , y como lo es la tónica de estos tiempos del país, apoyando la causa estudiantil y cantando contra los políticos que le hacen mal al Chile con F.P.S.C. (Filthy Politicians Sluts Corporation), así se presentó Nuclear, banda nacional que es un orgullo para el mundo musical chileno.

Fotos: Julián Pacheco

Pero la noche transcurría y era hora que los anfitriones salieran a saludar y hacerle el aguante a sus fieles seguidores, que llegaron en masa y repletaron todo el Teatro Caupolicán, no cabía ni un alma, ya se presenciaba todo el metal en cancha. El primero en salir a escena fue el baterista Jonn Allen, posteriormente Alex Skolnick, seguido por Greg Christian, luego Eric Peterson, y finalmente a Chuck Billy con su atril de micrófono característico con el cual alienta los solos de guitarra haciendo como si él también los tocara, así se desató toda la euforia en Santiago, olvidando la noche fría entre cervezas y buena música.

Totalmente prendidos todos no desperdiciaban acordes, entre canción y canción tomaban el respiro necesario para seguir motivados, cuando una nota daba la señal de un “temón” los auuuu y yeeeaah ensordecían el Caupolicán, sí, esta descripción es de todos los fans, y tal como lo dijo Chick Billy los “crazy mutherfuckers” que de alguna manera sorprendieron al quinteto, quienes se maravillaban como formaban el mosh pit y repartían golpes en masas, sin duda un recuerdo que siempre tendrán, tanto músicos como asistentes. Dentro de las 15 canciones que tocaron también hubo un momento solemne y lleno de nostalgia, cuando el vocalista hace una pausa y saca una fotografía impresa en blanco y negro, mencionando que se trataba de una fans, una gran fans de Testament que había tenido un accidente fatal hace un par de días atrás, e invitó a todos a levantar sus manos y corear con el “The Legacy”, un momento sublime en la noche. Es así como un gran show que comenzó con “For the glory of”  y en medio del set list “Over the wall” desató un mosh pit sin igual, donde la masa en medio de la cancha del Teatro, se transformaba en un campo de guerreros, alrededor de una hora y media de presentación magnífica ofrecieron Testament, que cerraron con broche de oro con “Disciples Of The Watch”. Una noche fría, pero que tuvo el calor musical y el poderío del metal.

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