Con una hora de demora por la poca afluencia de público en los primeros instantes de la jornada, comenzó lo que para muchos será la tardenoche más recordada del 2013: el regreso de Raza a los escenarios nacionales. Era lo que muchos estaban pidiendo, y las plegarias fueron escuchadas de forma brutal, contando con la compañía de nuevas agrupaciones, invitados internacionales y lo mejor que la escena actual del “metal moderno” chileno puede ofrecer. He ahí el nombre del fest, “Modern Metal Lives”.

La tarea de abrir un festival de muchas bandas siempre es pesada, pero los chicos de Betrayal Devours Cowards dieron cara ante un público disperso que todavía estaba instalándose en los alrededores del recinto, buscando los lugares que tuvieran tanto sombra como buena acústica. Los chicos de Betrayal son técnicos y cortantes, cabeceables y mosheables, por lo que el público finalmente cedió a los encantos de la agrupación y mosheó, adecuándose al cambio de tiempos en la batería. Tal vez los nervios traicionaron un poco al frontman al principio, pero luego de un par de temas lo compensó con una voz brutal. Y el bajista sabe lo que hace, y se notó al instante. Una presentación poderosa que calentó los motores de un público escaso al principio, pero cada vez más numeroso al pasar de las canciones.

Luego de un interludio breve con clásicos del nu metal (la productora tiene bien claro su público objetivo) fue el turno de los rapmetaleros de Zervero para entrar en escena. “Rapmetaleros” literalmente, llevando la mezcla de géneros un paso más allá con riffs y batería más propios del death y groove metal que el “aggro chileno”, lo que sumado a tres vocalistas (un encargado del gutural, y dos raperos de tomo y lomo que se turnan para acribillarte a versos) entrega una mezcla que pocos han oído, por lo menos en nuestro país.

Sin embargo, una de las falencias nuevamente tuvo que ver con los micrófonos, pero es entendible: no cualquier banda tiene tres voces con el mismo protagonismo, y por lo mismo el cableado y los micrófonos no dieron el abasto suficiente. Al segundo tema ya se estaban compartiendo el micrófono “bueno” por turnos, pero les ha pasado otras veces y lo sobrellevaron con desplante.  Sólidos y sórdidos, tuvieron percances llegando al final de su repertorio, pero el público ovacionó y el desempeño fue notable. NOTABLE. Y fueron una de las pocas bandas que al terminar de tocar, se bajaron del escenario y compartieron con los demás como público, algo raro ya en estos nuevos tiempos de rockstars altivos.

Arena Recoleta ya estaba bien poblada cuando se le cedió el turno a los chicos de Énima. La fórmula del parafraseo + breakdown + gutural + hardcore (si es que intentamos clasificarla en parámetros establecidos) hizo estragos en los asistentes, que con ya dos presentaciones en las orejas estaban ávidos de moshear, saltar y gritar. El volumen de la voz estuvo algo bajo en un principio, pero nada que una breve coordinación con la mesa no solucionara para arremeter tema tras tema, sobrellevando esta limitación inicial con actitud. Al final de su performance el público ya estaba enardecido, y dejaron el escenario con una vara alta que sólo podría alcanzar la siguiente banda.

Y esa banda fue BajoxTierra.

Acá sí que se notó el espíritu del evento, el regreso de Raza. El ambiente se respiraba como en las tocatas de antaño con una intro que evocó lo mejor del nu metal noventero. Alguien desde  fuera habría dicho simplemente que son “muy aggros”. Y el efecto fue instantáneo. Un moshpit que se armó de la nada, caras sonrientes entre el vaivén de los cuerpos moviéndose al compás de un bajo potente, una voz profunda, una guitarra grave y precisa, y una voz gutural y susurrante. El entusiasmo se respiraba tanto en el público como en el escenario, puesto que los chicos de BajoxTierra están lanzando, luego de años de esfuerzo, su primer trabajo profesional. Motivo suficiente para armar un escándalo que se escuchara en los alrededores de la Arena Recoleta.

Y la cosa no se calmó ahí. Luego de un interludio más largo de lo que a algunos les habría gustado, llegó a instalarse KarneAmarga. Para algunos son los sucesores espirituales de Sangre Aborigen, con esa rica mezcla de ritmos latinos con metal criollo. El percusionista le da un toque de originalidad preciso, notorio en todos los temas, pero destacando entre ellos a “La Nébula de mi Caos”, motivo de su primer single.

La demora al empezar hizo que valiera la pena con una potente arremetida, contando además con la participación del frontman de BajoxTierra para hacer estragos llegando al final del repertorio. Muchos estaban con una sonrisa tan ancha como los pantalones que usaron alguna vez.

Nuevamente un alto, para dar cabida a los chicos de Maiale Vif, siendo tal vez lo más alternativo dentro del espectro de participantes en el evento. Ya se habían presentado en la primera versión del Modern Metal Lives, y se les notó en el desplante. Sin embargo, la vista y el uso de un teclado desconcertó a algunos, que ya no están acostumbrados a un complemento que no sea una mesa de mezclas dentro del género. Y lamentablemente, no se escuchó mucho este aditamento hasta que luego de coordinar con la mesa de sonido lograron establecer el volumen necesario.

La figura de una bajista en la banda llamó la atención a más de alguno y evocó de forma irremediable a Coal Chamber, siendo ella tal vez lo más llamativo en el escenario por el pelo y la forma de tocar. El conjunto hizo notar fuertes influencias de bandas como System of a Down y Dog Fashion Disco, pero el mismo histrionismo del frontman fue aplacado por el comienzo de lo que sería una serie de fallas con el micrófono, cortando el sonido aleatoreamente. En un principio se creyó que fue por el propio jugueteo con el cable que realizó el vocal, pero luego se aclaró que el problema venía de antes y fue todo un lamentable mal entendido, por lo que no quedan reparos para estos chicos.

Maiale Vif recordó un factor importantísimo en la escena Nu Metal que acá en Chile está pasando a segundo plano y antes era casi indispensable: puesta en escena e histrionismo. Le daban color, aparte de tocar. El tecladista, si bien pasó desapercibido en el sonido, cuando se logró el volumen adecuado tomó un notorio protagonismo tanto por su desempeño como por su apariencia.

Ya estaba oscuro cuando un nuevo interludio empezó a presentar a los pesos pesados del evento, partiendo por Testigo. Metalcore de tomo y lomo, versión chilensis. Quisquillosos en las preparaciones, pero dando explicaciones al público ansioso: “es para que suene bonito, cabros”.

E hicieron que la espera valiera la pena, con un sonido pulcro y limpio en vivo. A eso se le suma la temática de las letras, que no son simplemente banalidades típicas del género: acá hay crítica social, llamado a la introspección y hasta dedicatorias a los que luchan por una educación gratuita y de calidad. Tal vez fue por la efervescencia de la hora, o las cervezas, o que algunos en el público no sepan moshear como es debido, pero la banda se vio obligada a llamar a la calma cuando estalló una breve pelea, todo esto sin dejar de tocar. Y con ese nivel de pulcritud en el sonido, esas letras, y ese profesionalismo al saber manejar situaciones inesperadas en el público (donde los propios asistentes comparten el crédito) la punta de lanza del metalcore chileno dejó el escenario, dando paso a la atracción principal.

Pasó desapercibido gran parte del festival, pero había un lienzo enrollado en el escenario. Cuando Testigo dejó el escenario, éste fue desplegado, dejando ver las cuatro letras que todos estábamos esperando: R A Z A.

Todos dispuestos en el público, comienzan los preparativos técnicos en el escenario, se ve por ahí una trutruca, y ya todos sabemos lo que se venía. Raza llegó y conquistó con un setlist que tomó lo mejor de sus dos trabajos, bastante diferentes entre sí sin perder la esencia principal.

Y el momento que todos estaban esperando llegó de repente y de forma demoledora, con un combo de Resiste Mapuche + Asesino que dejó a todos con una sonrisa eufórica en lo que hasta ahora era el moshpit más grande de la jornada. Abarcando casi todo el ancho del recinto. Poco importó en el momento que cortaran a la mitad un tema tan representativo de la banda, pero la forma en que lo hicieron mantuvo a todos con el corazón en la boca.

Lamentablemente todo lo bueno tuvo que terminar, pero sin bajar la calidad. Immunity Machine, los invitados desde Venezuela, se instalaron y dejaron a un público que sabía muy bien a lo que se enfrentaría boquiabiertos y satisfechos.

Para cuando a 2X le tocó cerrar el círculo, los ánimos ya estaban muy alzados. Peleas varias en el público, problemas de sonido y cansancio notorio en algunos debido a que el evento empezó una hora más tarde, y por lo mismo se estiró hasta bastante después de lo presupuestado. Pero, 2X… es 2X. Aparecen dando cara en cuanto concierto se arme, y la buena calidad de sonido los acompaña donde sea que vayan. No se puede concebir una mejor forma de cerrar una jornada tan llena de nostalgia, efervescencia, alegría y dobles pedaleras que no sea con los íconos del nu metal chileno de los 90’s. Como ellos mismos dicen: “como fénix”.

Redrum Producciones y Fanum Rockstore la hicieron, a pesar de los diferentes percances que en realidad se repiten con frecuencia si se junta un público tan efusivo con una tarde calurosa y un par de cervezas. Si hay que poner un pero, habría que dividirlo entre los problemas del micrófono y la hora de partida/término; pero para ser justos, esto último no estaba en las manos de la producción del evento. A las 3 y algo ya había mucha gente, pero dispersos afuera del recinto.

Fue una jornada de comunión, “modern metal”, Raza y recuerdos que volvieron al ritmo de unas guitarras estridentes y unos soplidos de trutruca.

Nadie podría decir que no lo pasó bien.