Korn en Chile: los reyes que no sueltan la corona.
08/12/2013
Diego Díaz Orellana (57 artículos)
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Korn en Chile: los reyes que no sueltan la corona.


Más de 5000 personas cabecearon, moshearon, saltaron y cantaron con Korn el pasado martes en el centro cultural Chimkowe de Peñalolén, en el marco de la gira de promoción de su onceavo álbum de estudio, The Paradigm Shift, lanzado por el quinteto de Bakersfield, California, a mediados de este año.

Con casi 20 años de trayectoria, Korn volvió a Chile en su mejor momento, y con la flamante reincorporación de Brian “Head” Welch en lo que sería una formación casi original. A pesar de este “casi”, Ray Luzier se ha encargado de demostrar que ha sido más que suficiente para reemplazar a David Silveria, volviéndose un pilar fundamental en la banda y dejando a todos boquiabiertos en el escenario.

Y con esa pericia con la que se ganó su lugar en Korn, pasaditas las nueve de la noche comenzó a golpear el platillo característico de Blind, el primer tema del primer álbum de la banda, transportándonos a todos a 1994, cuando escuchábamos el homónimo en cassette por este lado del mundo. Al son del clásico “Are You Ready?” una multitud empoderada gritó a coro para comenzar a saltar al ritmo de los riffs que definirían luego el nacimiento de un nuevo género, el Nu Metal.

Esto, sumado al bajo de Fieldy, la guitarra de Munky, el regreso de Head en la segunda voz y guitarra, y la angelical y endemoniada voz de Jonathan Davis hicieron resonar el Chimkowe con un clásico de clásicos y un sonido perfecto, para al finalizar, volver a arremeter con Twist, sin dejar una oportunidad al público para retomar el aliento, donde los más letrados recitaban el scat de Davis como un hechizo.

El setlist de la noche cobró más fuerza con Falling Away From Me, anunciada estruendosamente con una intro sacada de la modificación pesada del puente que la banda tocaba hasta hace meses antes del regreso de Head. Las estrofas calmas y el coro agitado fueron recitados como un mantra por la fanaticada fiel, demostrando que acá en Chile esperaban este regreso con ansias, y que algunos por primera vez por fin estaban viendo a los chicos de Bakersfield en vivo.

Desde el Issues hubo un salto al más reciente trabajo de la banda, The Paradigm Shift, publicado este mismo año, con el primer single: Love & Meth. La canción marcó el regreso de lo que muchos esperaban, el “viejo Korn”, y se notó al instante con los saltos y las manos arriba, celebrando los primeros acordes antes de las guitarras distorsionadas. Los más pequeños dentro del público eran los que más celebraban, que junto a sus padres cantaban al unísono el coro.

Luego, otro salto al The Path of Totality, el álbum más cuestionado de la banda por su incursión en el dubstep, con Narcissistic Cannibal. Para los más reticentes a la mezcla dubstep/nu metal, fue un alivio darse cuenta de que las bases electrónicas eran prácticamente devoradas por Munky, Fieldy y Head, sin perder notoriedad pero sin ganar protagonismo, por lo que la canción sonó más pesada de lo habitual.

Y si el salto entre álbumes pareció algo abrupto, el quinteto regresa a los clásicos con Dead Bodies Everywhere, de uno de los trabajos más reconocidos de la banda tanto en sonido como en ventas, el Follow The Leader. La multitud encendida reaccionó inmediatamente ante la intro y se armaron moshpits en diversos puntos del sector cancha, mientras que la gente sentada en las gradas no se quedó atrás en grito duro y entusiasmo. Sin duda, uno de los puntos más álgidos de la noche, junto a Blind.

La velada continuó animadamente con Coming Undone, del See You on The Other Side, pero sin un medley/cover de We Will Rock You de Queen luego del primer coro, cosa que algunos esperaban expectantes. De todas formas, los aplausos al ritmo de la batería se hicieron notar, y la cosa pasó a mayores cuando, luego de un interludio, comenzaran los riffs de Did My Time.

Otro punto álgido de la noche, Did My Time. Los pits volvieron a abrirse (si es que se calmaron alguna vez) y el Chimkowe vibró con las voces de los 5000 asistentes que gritaron y cantaron la letra, palabra por palabra, ganándose la admiración de un gratamente sorprendido Jonathan Davis, quien ya había dedicado al público palabras de ánimo y agradecimiento.

Otra pausa en el repertorio que sólo sirvió para generar más ansiedad terminó con Davis volviendo al escenario luego de desaparecer brevemente, trayendo una gaita. Los ensordecedores gritos del público confirmaron que lo que se venía era Shoots and Ladders, volviendo al homónimo debut de la banda, que el próximo año cumple 20 años de vida.

La gaita dio paso a los riffs y los riffs al cántico infantil demonizado de Jonathan, siendo coreado por el Chimkowe en plenitud. Una sorpresa a la segunda estrofa, con gritos guturales en vez de canto, animó más las cosas para terminar con una perfecta comunión de Davis, Munky, Head, Fieldy y Luzier. Al final, Jonathan hizo gala de sus dotes de frontman y le pidió a la audiencia que levantara sus brazos, para dirigirlos a todos al ritmo del final de Somebody Someone, en lo que resultó ser un magnífico combo “dos en uno”.

Luego, las cosas se calmaron un poco cuando volviendo a su último trabajo, la banda tocó Never Never, siendo en la historia del quinteto la canción menos apreciada por su fanaticada, sobre todo la que los viene siguiendo desde 1994, que también es la misma que más decepcionada se mostró con la mezcla dubstep del The Path of Totality. Obviamente el público no se detuvo, pero se notó una relativa calma en relación a lo que estaba pasando escasos minutos atrás.

Tal vez previendo esto, Korn sacó a repertorio la artillería pesada con Here to Stay, abriendo pits y volviendo al ataque en lo que ya era una batalla por quién demostraba más entusiasmo entre ellos y la fanaticada fiel. Todos corearon el “gonna break it down” acompañando en todo momento con la voz y las ganas.

Antes de que se alcanzara a calmar el ambiente, Jonathan nuevamente se dirigió al público y pidió que levantaran todos su dedo anular y gritara “FUCK THAT!”, dando así inicio a otro de los temas del Take a Look in the Mirror, Y’all Want a Single. Al igual que en Did My Time, el público prendió como pasto seco y repitió el coro ante un maravillado Jonathan, quien dirigió como director de orquesta las voces que llegaban en respuesta a sus gritos.

Ya siendo lo característico de la noche, no se alcanzaron a calmar los ánimos cuando comenzó Prey for Me, la primera canción del más reciente álbum, ese que alardea con justa razón el regreso de Head, quien fue una fuerte influencia en varias canciones del The Paradigm Shift, siendo este tema en particular uno de los primeros, según indicó la banda.

La calma reinó por algunos instantes mientras el quinteto de Bakersfield preparaba la siguiente canción, cover de Pink Floyd: Another Brick in the Wall. Acá la interacción con el público fue orquestada a tal nivel que las voces de todos se complementaron de forma pulcra con el sonido que disparaban los amplificadores, al más puro estilo de la versión original, con los niños de Korn, The Children of the Korn, coreando “We don’t need no education”.

Y con los versos finales que rezaban “good bye”, y pidiéndole al público que moviera los brazos, Jonathan y compañía se despidieron de un Chimkowe que bramaba por más. Comenzó a sonar por ahí el clásico “nos nos vamos ni cagando”, junto a otras muestras de descontento un poco más subidas de tono, pero apuntando a lo mismo.

Luego de minutos que parecieron horas, volvió al escenario Ray Luzier, quien se lució con un impresionante solo de batería que luego dio paso al sonido de un sintetizador dando un beat: y así, de la nada, el resto de la banda volvió al escenario a tocar Get Up!, tema insigne de la colaboración de Korn y Skrillex, que esta vez sonó mucho más metal y menos dubstep, por obra y gracia del hombre de las baquetas.

Para entonces los roles en el escenario se habían invertido en cuanto a la posición de los músicos, con Fieldy haciendo de las suyas con el bajo en el lado derecho del escenario, cambiando de lugar con Munky y aventurándose a tocar al borde de la tarima, para el deleite del público.

Este enroque se dio en el final confirmado del concierto: un combo doble de Got the Life y Freak on a Leash, arrojando todo lo bueno del Follow the Leader a una fanaticada que por fin veía calmada su hambre. Y ahora sí, sin más, Korn se despidió del público, se apagaron las luces y comenzó el éxodo hacia las salidas.

Nadie pudo negar que faltaron temas. Clown, Faget, A.D.I.D.A.S., B.B.K., Divine o Good God podrían haber reemplazado la parte más “fome” según se escuchó a la salida, que fue Never Never.

Lo malo, a nivel técnico, fue la guitarra de Head fallando cada cierto tiempo y el hecho de que no tuviese el setlist a mano hasta pasados los primeros 25 minutos del show, cosa que se supo de parte de los afortunados que estuvieron en la Korn Cage y que explicaba el motivo de su cara larga durante gran parte del show.

A pesar de todo, pocas bandas pueden jactarse de venir a Chile y contar siempre con una fanaticada fiel, que desde diferentes lugares del país acudieron al Centro Cultural Chimkowe para una jornada de camaradería, encuentro de generaciones y todo lo que conlleva ser parte de The Children of the Korn. Los reyes del Nu Metal mundial, con corona para rato.

Foto: EFE
Diego Díaz Orellana

Diego Díaz Orellana

<p>Periodista. Satanismo y Feminismo. English speaker. Me leen en @Aggresion. Nieto de un aymara boliviano. Sonidos que te hagan saltar.</p>

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