El segundo día del Ruthless Festival, versión 2013, también estuvo lleno de sentimientos encontrados. Final agrio de una tarde amena, cargada esta vez a la escena “aggro” vieja escuela en la que muchos aún se ven mucho, muy, identificados. Los detalles son entendibles y no recae la culpa en la producción en sí, sino en una serie de eventos desafortunados.

Pero partamos por los encargados de abrir la segunda patita del fest: Betrayal Devours Cowards. Al igual que en para el retorno de Raza a las pistas, a esta empeñosa agrupación le tocó abrir un Arena Recoleta con poca gente: el flagelo de los que se quedan tomando afuera y no entran a la hora a un show que debe cumplir con horarios. Lamentable, la verdad, ya que en la emergente escena del deathcore criollo podrían estar liderando los ránkings en unos años más. Un setlist cargadito el de Betrayal, que pudo haber sido mejor aprovechado con un poco más de gente.

Luego de desocupar el predio, y combatiendo el calor de la mejor forma posible, fue el turno de los jóvenes de Incenthropy, que llegaron directamente desde La Calera, representando a la Quinta Región interior. Un vocalista que abajo del escenario nunca habría aparentado tener tanta voz, demostrando que las apariencias engañan bastante, se comió el recinto a grito pelado, junto a guitarra, bajo y batería a doble pedal. Para entonces empezaba a aumentar el público por goteo, y los alrededor de 30 personas que estaban dispersos frente al escenario vacilaron con entusiasmo. Premio al talento joven.

Luego de un merecido aplauso y una pausa, la tercera agrupación en ocupar el escenario fue Nebeda. La pausa un poco larga, la verdad, ya que debía tocar Pesimista a esa hora, pero uno de sus integrantes sufrió un retraso. La tarea fue entonces ocupar bien la ventana que se les dio, y vaya que lo hicieron, aprovechando incluso de grabar un tema de la presentación, llamando al público a acercarse y participar.

Los chicos de Nebeda entregaron un sonido con trazos de metalcore técnico, destiempos concordantes, secciones catárticas, sintetizador e influencias deathcore que logró armar uno de los primeros pits de la tarde, contando con fanaticada propia que prendió unos apagados ánimos; culpa del calor que tenía a varios refugiados en la sombra.

Y ahora sí, Pesimista continuó animando la velada con un sonido que echaba más ganas que calidad, pero no por eso malo necesariamente. La actitud de los cabros era la correcta, en todo caso, pero con un guitarrista que dio la espalda al público en casi todo momento… podrían haber aprovechado mejor el histrionismo que otorga el estar sobre un escenario. Lograron armar un solo moshpit, ya que el público estuvo poco receptivo, tal vez por la misma actitud arriba del tablado. Por ahí se escuchó que pareciera que estaban en una permanente prueba de sonido, y eso, sumado al poco tiempo con el que contaban luego del retraso, no les dejó otra opción que hacer lo que pudieron con el tiempo que les dieron. Gran valor para tocar en ese contexto y no enojarse.

Luego de eso, la vista de unas cuantas caras conocidas fue llamando la atención de los más viejos entre el público, esos que frecuentaban las tocatas de la Laberinto, el Víctor Jara, el Novedades y el Bucarest. Luego de unos minutos, se confirmó que N.O.T.C.A.M.P. ya se estaba instalando en el escenario, con una sonriente formación original, justo como hace alrededor de una década. Un mosh “old school”, nada de karate dancing ni pegarle combos al aire, fue lo que predominó, junto con una alegría sin precedentes vista tanto en público como en la banda misma. Punto álgido de la presentación a cargo de Llévame, del mítico Sagrada Raíz, que logró sacar hasta algunas lágrimas. La nostalgia estaba palpable para cuando comenzaron a despedirse, tocando Paralela Realidad. No Ocultes Tu Cara Al Más Poderoso se volvió uno con el público, en lo que prácticamente fue una comunión. Aplausos, abrazos, reverencias y sonrisas. Corto pero potente. Para el recuerdo.

Los ánimos no se bajaron con la banda que vino justo después. “La punta de lanza del metalcore chileno”, Testigo, volvió a justificar el apelativo que le dimos en Aggresion. Una guitarra algo saturada al principio, que rápidamente se niveló para acribillar con todo el material de su EP, Punto sin Retorno.

Mosh, karate dancing, saltos, cabeceo. Los que tenían bebidas alcohólicas en sus manos brindaban con el recipiente en alto. Exterminio y Punto sin Retorno fueron los principales caballitos de batalla, no bajando las revoluciones ni la calidad con C4 y Vida. Hasta se dieron el lujo de presentar un tema nuevo, Vacío, que dejó a varios peinados para atrás. Guitarra, bajo y batería bien utilizados, bien sincronizados, bien complementados. La voz apañando tanto en gutural como en canto limpio. Un sonido pulcro, brutal y preciso que dan ganas de volver a escuchar.

Una pausa, y el rapcore se tomó la tarde con Hatelife, que con un verseo a tres voces y doble pedalera acribillaron sin descanso. El público no estuvo tan receptivo, pero se contrarrestó con la propia clicka de la banda, que frente al escenario se sintieron como en su casa. Orgullo de barrio al por mayor, y un sonido que destaca por el uso de tornamesa propia, con DJ propio, a diferencia del cada vez más común sampleo base. Vacilón preciso y conciso.

Lamentablemente, las cosas comenzaron a decaer con 6 Weapons. No por la banda en sí, sino por eventos que no favorecieron mucho a la agrupación de un clásico hardcore beatdown de letra crítica. Hubo mosh, hubo karate dancing, nadie pudo decir que no lo pasó bien con el poder de la banda. Tanto así como para que se rompiera una de las cuerdas del guitarrista, cosa que no los detuvo. Pasadas las dificultades, y luego de presentar temas de su nuevo trabajo, se bajaron con ovaciones.

Mientras tocaba 6 Weapons se divisó en el horizonte a un barbón rudo y todos ya entendieron que sería el turno de BOA de ocupar el predio. Para cuando se instalaron en la tarima, se respiraba la expectación en el aire. Y partió todo con Lincha al Maldito. Un par de “quihubo”, y volvieron a arremeter con Fuego. Brutales. Un par de bromas con el público, donde se notó el cariño. Y a la carga con Rostro de Dios y La Oración del Sicario. Lanzando todo el nuevo material a la parrilla, a una asistencia ávida por más doble pedalera, más gutural, más cuerdas afiladas.

El mosh en cada tema fue digno de ser documentado para el futuro. Y la cosa, en vez de amainar, se volvió más grotesca con Puerco y Mil Años. Una despedida que hizo dar cuenta del breve tiempo en que estuvieron arriba dándolo todo. El tiempo vuela cuando te diviertes, dicen.

Quedó la vara altísima para The Reaktion. Los chicos estuvieron a la altura, pero el público estaba cansado y mentalmente disperso luego de lo que fue BOA. “Hace mucho tiempo que no tocábamos en Chile”, avisaron. Y para muchos eso causó solo confusión, ya que no es de público conocimiento en nuestro país lo que estos chicos hicieron en el extranjero. Han llegado a tocar incluso con Sid Wilson, el DJ de Slipknot.

Lamentablemente, su batería de temas y su sonido de sampler, voz limpia y acompañamiento pesado se vio abruptamente interrumpida por un corte de corriente, del cual intentaron reponerse para luego saber, junto con el público, que la cosa llegaba hasta ahí. Las despedidas respectivas, las disculpas, y el público se vio obligado a irse antes de lo previsto.

Y es que la situación era complicada. El paro de los trabajadores municipales, por justo que sea, perjudicó la producción del evento. Luego de The Reaktion tocaría Rtumba, pero la banda de Pablo Ferrari brilló por su ausencia; y en cambio, Rama, que cerraban el evento, llegaron a la hora y con muchas ganas de tocar, para enterarse que simplemente no podrían porque el show no iba más. Y bueno, Incinerated simplemente no se presentó.

Al no estar trabajando los funcionarios municipales, el evento contó con la venia de la administración del Arena Recoleta. El primer día, por ser sábado, no causó molestia. Pero la segunda jornada, domingo, recibió tres visitas de Carabineros de Chile, pasando partes. Cosa que a la administración no le causó mucha gracia, y forzó el final de la jornada.

La producción del Ruthless fue víctima de las circunstancias y se vio obligada a acatar órdenes. A eso se le sumó la poca convocatoria en general, lo que llevó a Bloodless Producciones a cuestionarse si será viable realizar otra versión del festival el 2014. La intención de presentar nuevas bandas está, pero si para la hora de apertura tocan sin público, o con 10 espectadores, se pierde el punto. Lamentable, tanto para la escena como para los oyentes.

Y luego, de todas formas, oímos cómo no se le da cabida a agrupaciones emergentes, que se repiten los mismos de siempre, etc., cuando al momento de los que hubo llegan pocos o ninguno a presenciar el show. Y ahí es donde la productora, la que sea, no puede hacer nada, sólo el público.

Se pasó bien; se cantó, se coreó, se mosheó, se aplaudió. Pero cuando las circunstancias están más allá de la capacidad de organización, no se puede hacer mucho más. Se valora el esfuerzo de Bloodless por sacar esto adelante, y esperemos que no se acabe aquí, porque material para seguir hay de sobra.