Diez años tuvieron que pasar. Diez años, una gran tragedia y recambio de integrantes, pero la cuenta se saldó y Slipknot volvió a pisar suelo chileno. Con un Movistar Arena lleno, los nueve de Iowa remecieron cimientos y no dieron tregua en un show memorable, dejando un ambiente lleno de chivos y azufre calcinante.

A eso de las ocho de la tarde se apagaron las luces del Arena y comenzó el primer riff que anunció a los teloneros, ni más ni menos que Sepultura. Estandartes del thrash metal brasileño, y cumpliendo 30 años de trayectoria, calentaron motores para el resto de la noche repasando grandes éxitos de su carrera. Clásicos como Propaganda e Inner Self retumbaron por el recinto, y temas recientes como Under my Skin demostraron el poderío del cuarteto mais grande du mundo.

Arise y Refuse/Resist marcaron la velada en lo que respectó al teloneo, con una cancha a tope vitoreando y haciendo moshpits a diestra y siniestra. Galería y platea no se quedaron atrás con su cuota de griterío, mientras que Roots marcaba el final del show de los brasucas con un “¡chichichí, lelelé!” de parte del propio frontman, Derrick Green.

Luego de una pausa necesaria, las luces nuevamente se apagaron para dar lugar, pasadas las nueve de la noche, a la intro que comenzó a hacer vibrar los parlantes. Reacción inmediata de todo el Movistar Arena ante la aparición de la banda, Corey Taylor a la cabeza, comenzando la velada con Sarcastrophe, de su última placa, .5: The Gray Chapter.

Chris Fehn y percusiones. Instagram de @Pancha__Blue

The Heretic Anthem vino justo después, rematando a quien aún quedaba en pie ante la impresión del comienzo del show. Moshpits creados casi por generación espontánea rondaron por cancha, que parecía un mar con vida propia. El triple combo siguió con Psychosocial, repasando de una vez otros álbumes ya clásicos, como Iowa y All Hope is Gone.

Volviendo al Gray Chapter, The Devil In I resonó por el Movistar Arena, dando posibilidad a su vez al público de escucharse, en una dinámica que se repitió varias veces durante la noche. A mitad del tema, un Taylor gratamente sorprendido recibió una bandera chilena con el logo de la banda, la que lució durante el tema y dio vueltas luego por el escenario.

Los nueve de Iowa continuaron repasando su última placa con AOV, para luego volver 10 años atrás, al mismo año en que pisaron Chile por primera vez, para llevarnos a todos de viaje con Vermilion. Un coro rabioso y con sentimiento se escuchó por todo el público, repitiendo “I won’t let this build up inside of me”.

En tal vez el punto más álgido de la velada, el tema ícono de la banda comenzó sus primeros acordes junto con la voz de Corey Taylor, seguidos de Chris Fehn y Shawn Crahan: Wait and Bleed. Moshpits como remolinos en un mar humano comenzaron a girar, donde de la nada una bengala, prendida por un más que osado fan, acaparó casi todas las miradas al torbellino más grande de gente hasta el momento. Inolvidable.

Corey, intuyendo la efervescencia del ambiente, quiso calmar un poco las cosas llevando a todos a un lugar frío y oscuro: Killpop anunció su comienzo con su característica percusión a cargo de Fehn y Crahan, seguidos por Jay Weinberg en la batería. Logrando casi la misma dinámica que el videoclip, el público siguió el ritmo y el cabeceo casi en un estado de trance.

Marcando una especie de segundo tiempo en el show, la banda arremetió luego de la calma con Before I Forget, reavivando a los tranquilos y exaltando a los inquietos, para luego no dar tregua con Sulfur y Duality, en cuyos coros el público se escuchó tanto o más que los nueve del escenario.

La bengala en Wait and Bleed. Instagram de @Alipori

“¡Mis amigos! No, ¡mi familia!” dijo y corrigió el frontman, agradeciendo seis veces seguidas (tal vez de forma intencional) antes de anunciar un breve regreso al Iowa: Disasterpiece resonó en el Movistar Arena y no dejó a nadie quieto, ni siquiera en las plateas altas. Acto seguido, Corey Taylor demostró su talento como domador de maggots al dar comienzo a Spit it Out y dirigir al público en la ya conocida mecánica del “jump the fuck up!”. Toda cancha agachada, esperando el momento indicado para volver a saltar y moshear como si no hubiese un mañana.

Llegó el momento de cerrar, o así pareció, cuando Taylor comenzó a repetir lentamente “tututá, tututá, tutu tá, tá tá”. Logrando incluir al público en la dinámica, Slipknot comenzaba su despedida con Custer, mientras en cancha se contaban más de ocho moshpits simultáneos.

Se apagaron las luces, pero obviamente la cosa no acabó ahí: fueron 10 años de espera, y el público quería más. El encore más brutal estuvo a cargo de (sic), People = Shit y Surfacing, para el deleite de los maggots más veteranos.

Y así, finalmente, acabó una jornada marcada por el griterío de Corey, Chris y Shawn, los riffs de Mick Thomson y Jim Root, el bajo de Alessandro Venturella, el baqueteo incesante de Weinberg, las tornamesas (y el baile) del hiperactivo Sid Wilson, y el sintetizador del tranquilo y atemorizante Craig Jones. Y como siempre, todo en memoria del fallecido bajista Paul Gray, que marcó un antes y un después en la agrupación.

La deuda, saldada. El Movistar Arena, demolido. Hasta una próxima vez, esperemos.

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