Steve Vai logró algo que pocos músicos pueden: brindar un show de tres horas sin bajar el pulso ni la adrenalina del inicio. Una gran trayectoria, un virtuosismo intachable y una actitud valorable fue lo que el maestro entregó a la fanaticada chilena.Bajo el tour “The Story of Light”, el músico se presentó en un Teatro Caupolicán a su 70%. No obstante, toda esa gente que llegó para disfrutar, se fue sonriente después de tan aplastante y largo espectáculo.

El reloj marcaba las 21:00 y con una puntualidad que siempre se agradece, Steve Vai se presentaba en el escenario junto a su banda, integrada por DaveWeiner (guitarra y teclados), Philip Bynoe(bajo) y Jeremy Colson (batería), los que complementan de manera increíble al virtuoso guitarrista. Tras un breve juego con el público, los acordes de ‘RacingWorld’ hacían explotar el Caupolicán. ‘Velorum’ y ‘BuildingtheChurch’ mantuvieron a la gente, que ya estaba eufórica y alucinada con la habilidad del estadounidense y su banda. Apenas comenzó a sonar el primer punteo de ‘Tender Surrender’, el público quedó a los pies de Steve Vai. Una ejecución perfecta y un teatro sonando casi perfecto, salvo detalles en la batería y el poco volumen del bajo.

El juego y trato que tiene Steve Vai con el público es admirable, pues va de un lado a otro, se acerca, hace chistes, sonríe con los fans; hace un perfecto espectáculo. ‘Gravity Storm’ y ‘TheTrilium’sLaunch’, propiedad de DaveWeiner y ejecutada por él mismo, sacaban a relucir que no sólo Vai es una maquina con la guitarra. Ya con nueva tenida, el show continuaba con ‘Wepping China Doll’ y ‘Anwser’. Ahora sí el sonido del reducto de San Diego estaba perfecto. Con un duelo de entre Steve y Dave se daba inicio a ‘The Animal’, seguida de ‘Whispering a Prayer’ y ‘TheAudiencesIsListening’, cerrando así la primera parte del show. Los ánimos estaban altos y la fanaticada agradecida por lo que, hasta ese momento, había sido un show notable.

La presentación de Steve Vai había sido fuerte, potente y admirable. Para llamar a la calma, el músico tomó su guitarra acústica y se mandó ‘The Moon and I/Rescue Me orBury Me’, ‘Sisters/Salamanders in theSun’ y ‘Treasure Island/Fire Garden Suite II – Pusa Road’, con un jam de Jeremy Coulson de un carro de supermercado lleno de cosas, tocando hasta el piso y la cabeza de Vai. Ovación total que dio paso a un aguerrido sólo de batería.

Se apagan las luces del escenario, pero algo brilla desde el pasillo a camarines. Steve Vai aparece en escena con un traje y casco lleno de luces, acompañado de su Ibanez con luz, dejando la escoba entre sus fans, que mencionaban lo gran showman que es. ‘The Ultra Zone’ y ‘Frank’, después de más de dos horas de show, mantenían la euforia de los presentes. Aquí aparecería el momento más freak de todo el show, pues Vai hacía subir a dos fans y los invitó a componer algo ahí mismo, con sus voces. Una pena que los nervios hicieran quedar en el peor ridículo a ambos, pero hicieran reír a todos por su “ingenuidad”. El resultado de esto fue ‘Build Me a Song’. El show llegaba a su fin y no podía ser otra sino ‘FortheLove of God’, uno de sus clásicos, la elegida para cerrar. Todos quedaron excitados al escuchar cada uno de sus acordes. Lo que no sabían, era que quedaba una más. ‘Five Garden Suite IV – Taurus Bulba’ se encargó de cerrar dos horas y 50 minutos de show que agotarían a cualquiera, menos a Steve Vai.

Fue un espectáculo de principio a fin. Pese a sus 53 años, la energía que tiene sobre el escenario es de admirar. Un hombre capaz de ponerle los pelos de punta a cualquiera a costa de riffs y una ejecución tal como si uno estuviera escuchando un disco de estudio. La fuerza de su banda es el complemento perfecto para la perfección (valga la redundancia) que busca Steve Vai en sus show. Esta fue, quizás, la mejor presentación del hábil guitarrista en nuestro país. Los presentes pueden decir que fueron testigos de una noche mágica para la buena música y las guitarras, que pudieron ver en su mejor performance al maestro Vai.

Juan Guilleremo Carrasco.