Jesucristo Metalstar: Catarsis y entretención del primer nivel.
29/03/2016
Camila Muñoz Ibarra (297 artículos)
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Jesucristo Metalstar: Catarsis y entretención del primer nivel.


Jesucristo Superstar lleva más de 45 años como una de las modernizaciones más exitosas de los últimos días de Jesús. Desde su concepción por Andrew Lloyd Webber ha transitado por muchos formatos, escenarios y actores, exponiendo a miles de espectadores sus versiones humanizadas y empáticas del Cristo y de Judas. Desde sus inicios destacó por su subtexto político y las libertades tomadas en sus caracterizaciones; libertades que han sido llevadas aún más lejos en esta versión criolla y metalera a la cual hemos tenido el lujo de asistir.

Jesucristo Metalstar no anda con sutilezas. En su escenario de dos niveles hay dos pantallas para favorecer la ambientación de cada escena, en las cuales aparecen también videos de protestas, enfrentamientos entre manifestantes y carabineros, propaganda cristiana al estilo soviético, e incluso un divertido –y un tanto bizarro- video con memes acerca de la creciente popularidad del Cristo. Los anacronismos continúan en el vestuario de cada uno de los personajes, donde solo Jesús (y uno de los apóstoles) utiliza ropa que no es negra. Resulta que la Jerusalén de Jesucristo Metalstar está poblada de metaleros.

No es de extrañar que Jesucristo Metalstar haya sido concebido el 2004, pocos años después de los exitosos Metal Opera de Avantasia. En efecto, tanto las voces como la instrumentación usan esa paleta de sonidos propias del Symphonic Power Metal, donde la rabia, la tensión y la exaltación son acompañados del obligatorio doble bombo, mientras la ternura y la pena parten con piano y voces dulces para ser elevados al formato de powerballad. Estos son las dos principales modalidades utilizadas en este espectáculo, el cual encuentra pocas desviaciones en sus cerca de dos horas de duración.

Lo anterior podría ser considerado un punto en contra –escenas como las de Caifás reclamaban, en tema y estética, el uso de algunos sonidos más agresivos- pero la verdad es que el sonido ya patentado de las ‘Metal Opera’ se hizo bastante ameno. No es el objetivo de un show como éste demostrar toda la variedad emocional que puede expresar el metal, sino utilizar algunos de sus tropos para acentuar el kitsch y el camp en que los espectáculos de Broadway se suelen mover.

Al igual que Jesucristo Superstar, esta versión metalizada halla su centro en las emociones de sus personajes. Las letras explicitan los pensamientos y preocupaciones de Judas, Jesús y María Magdalena (por mencionar algunos de los más importantes) ante los conocidos acontecimientos de los evangelios. La música acompaña las emociones de tristeza, duda y remordimiento que atraviesan sus personajes, donde los teclados y harmonías de guitarra brillan por sus melodías.

Y hay que decir que el sonido empleado en Jesucristo Metalstar es de muy buen nivel. La ejecución de cada instrumento es impecable, y hay suficientes cambios para mantener entretenidos a los espectadores que atienden más interesados por la música que por la narrativa. Los actores son vocalistas ya consagrados en la escena nacional, tales como Rodrigo Galaz (Jesús), Jaime Salva (Judas), Fabiola Gonzalez (María Magdalena), César Vigouroux (Caifás), Víctor Escobar (Anás), Cristián Farías (Pilatos), Angelo Cancino (Pedro), Ruben Hormazaval (Herodes) y Felipe Del Valle (Zelotes). Señalemos lo obvio: con un nombre como “Jesucristo Metalstar” nadie iba a entrar al recinto esperando una obra sutil. Por esto, cada uno de los actores opta por abrazar la melosidad del espectáculo y emplear al máximo su rango vocal al servicio del melodrama.

El sonido del recinto ha estado a la altura del espectáculo, pero con algunas flaquezas importantes en lo vocal. Las voces de algunos personajes estaban desniveladas (sobre todo en las escenas con María Magdalena) y los coros tenían un sonido extraño, como si hubiesen sido grabados con un micrófono de menor calidad o alterados con algún efecto para darles un toque más “antiguo”. A mi parecer, estos pequeños detalles disminuyeron el impacto de algunas canciones, pero afortunadamente eran infrecuentes. Por lo demás, cada uno de los instrumentos sonaba con claridad, y las ambientaciones de teclado eran adecuadas para cada escena.

Un punto de contención para disfrutar de Jesucristo Metalstar reside en sus discontinuidades de tono. Aunque ya hemos señalado que existe una cohesión en cuanto a su música, existen algunos saltos entre escena y escena que pueden ocasionar una extraña sensación de disonancia. Saltos entre lo melancólico y lo revolucionario, entre la celebración y la solemnidad, entre el conflicto y la parodia, entre la diversión y la reverencia. Por supuesto, muchas de estas discontinuidades son intencionales y permiten implicar al espectador, subiéndolo a bordo de los altos y bajos que sigue la trama (y lejos de la monotonía de algo como el infame filme de Mel Gibson). Dónde esto me causó mayor inquietud fue en las últimas dos escenas: un número energético, adosado por armonías vocales y una elaborada coreografía es seguido por la solemne imagen de Jesús en la cruz, ambientado solamente por el teclado durante varios minutos. Pensamos que la valoración que cada espectador haga de estas escenas dependerá de su reverencia al material que inspira esta obra (tanto los evangelios como el Jesucristo Superstar).

En cualquier caso, creemos que Jesucristo Metalstar es una obra entretenida, elaborada con dedicación y presentada con convicción. Es posible que sus anacronismos y ocasional sentido del humor hieran algunas susceptibilidades, pero dudamos que hayan temperamentos tan querulantes entre su público. Tanto fanáticos del metal como del rock, ateos y cristianos, familias o melómanos solitarios podrán encontrar alguna ganancia de esta obra, comprendiendo que su principal objetivo es proporcionar algo de catarsis y de entretención. No por nada Jesucristo Metalstar lleva más de una década como espectáculo único en Chile y el mundo. Y es de esperar que, observando los aplausos espontáneos tras cada escena y la larga ovación que dio el público tras las dos horas de espectáculo, que aun le queden muchos años en los escenarios de nuestro país.

Por: Gustavo Avendaño

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Show
5 de 5
Sonido
4.5 de 5
Público
5 de 5
Setlist
4.5 de 5

4.75

Excelente
4.75 de 5
Camila Muñoz Ibarra

Camila Muñoz Ibarra

Estudiante de Trabajo Social. Amo la música, viajar y sacar fotos. Administradora, columnista y fotógrafa aficionada de Aggresion.net

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