No quería perderme por nada del mundo el partido de Chile, pero mucho menos perderme la ilustre visita de una de las bandas más importantes del thrash metal de Canadá. Con Jeff Waters a la cabeza, es difícil pensar que Annihilator pueda dar un mal show…

Y eso lo supe desde que, desde la puerta del recinto, escuché como probaban sonido con The Fun Palace. Ví el primer tiempo y arremetí hacia El Huevo, en Valparaíso, para terminar ahí de ver la segunda mitad y subir a presenciar el recital de los canadienses ¡Menos mal que ganamos! La noche prometía…

¡Vaya que prometía! Luego de ver a dos excelentes teloneros locales, como lo son Beyond Death, que dieron gala de una puesta en escena de mucha rabia y actitud, con un sonido bien crossover y muchos rasgos del death; junto a D.O.D., que tienen ese aire a thrash dosmilero bien pesado y marcado, digno de cabecear con una buena cerveza, el camino le quedaba marcado a Annihilator para hacer lo suyo. Por otro lado, el público fue ejemplar, ya que escucharon atentos a estas dos bandas, con mucho respeto y gran energía. ¡Esa es la actitud!

Sin mucho preámbulo, todo se apagó anunciando la salida de Waters y compañía. Uno a uno salieron a escena: el baterista, Mike Harshaw; el bajista, Al Campuzano; el guitarrista/vocalista –y segundo al mando desde el 2003-, Dave Padden, tocando Hunter Killer como intro, y abriendo el paso a Jeff Waters que ingresó soleando como el genio musical que es.

Luego vendría el arsenal de canciones que los de Ontario tenían preparado para la noche inaugural en Chile, todo eso entre los reclamos de Jeff a los sonidistas que no daban con la fórmula para mantener los retornos al nivel adecuado y evitar el acople con los micrófonos. King to the Kill; Ultra Motion; la novedosa No Way Out (del nuevo larga duración, Feast, próximo a lanzarse el 23 de agosto de este año); Set the World on Fire; W.T.Y.D. (Welcome to your Death); Phantasmagoria (el primer clásico del exitoso Never, Neverland); 21; etcétera. Una fenomenal selección de temas que balancearon lo más nuevo y lo más clásico de su repertorio.

Pero la noche no estuvo exenta de tensión, pues un grave accidente de uno de los asistentes paralizó el concierto por unos largos minutos que llenaron de preocupación a la banda, en especial a Dave Padden, que hizo detener todo para saber el estado del malogrado fan. Todo ocurrió cuando éste se lanzó al público, perdiendo el equilibrio y cayendo de muy mala forma, quedando tendido en el suelo hasta que personal de seguridad lo retiró entremedio de aplausos de la banda y el resto del público, una anécdota que difícilmente podrá recordar. Minutos antes, otro fan, con el afán de acercarse más a los canadienses arrancó –no sé si en un acto deliberado o no- la cuerda del bajo de Campuzano, logrando los elogios de Waters, quien afirmó que “esto no se nos va a olvidar nunca, bien hecho”.

Con todo eso, aún así continuó un espectáculo redondo, sin fisuras en lo musical, con una experticia inigualable y un respaldo en la trayectoria del cual podían prescindir tranquilamente, pues en mayoría fue un planteamiento renovado de sus temas. De igual forma, no podían despedirse de otra manera que no fuera tocando The Fun Palace; Alison Hell y Stonewall, cartuchos que debían quemar indudablemente en algún momento de la noche.

Por: Ayskée Solís H.

Facebook Twitter