Faltando poco más de una hora para el comienzo del show, los fans de Enrique Bunbury que aguardaban en las afueras del Teatro Oriente capeaban el frío abrigados con el calor del cariño que guardan por el aragonés cuya voz, en muchos casos, ha sido banda sonora de toda la vida y cuyas letras cuentan tanto historias que todos hemos vivido, como también otras que hablan de viajes y sueños que solamente un alma errante y “de todo el mundo” puede cumplir.

La poesía de Bunbury, su teatralidad, su carisma, la mística que le envuelve, además del peso de su pasado como vocalista y rostro de Héroes del Silencio, hacen de este “hombre delgado” una figura magnética con la cual cuesta no encariñarse u obsesionarse, todo esto sin dejar de lado, además, el hecho de que es un rostro cuya inventiva y constante reinvención le han ido asegurando un público en constante expansión.

Siguiendo esta lógica, difícilmente alguien que haya asistido a su presentación de 2009 en el Teatro Caupolicán, podía resistirse a la posibilidad de revivir el fervor y la conexión lograda en aquella ocasión y, por esta misma situación, el lleno total de esta presentación era algo totalmente esperable. A poco de abrirse el recinto, los ánimos no aguantan ya y comienzan los gritos pidiendo al cantante.

Enrique Bunbury en Chile Enrique Bunbury en Chile Enrique Bunbury en Chile Fotos: Julián Pacheco

A las 21:05 hr se apagan las luces para que los músicos comiencen, uno a uno, a subir al escenario y la euforia se vuelve casi un ser físico que ocupa todo el teatro, pero Bunbury aún no aparece en escena y los Santos Inocentes comienzan con el tema instrumental “El Mar, El Cielo y Tú”, que también da inicio al disco que vienen promocionando, Licenciado Cantinas (2011), con un sonido impecable.

Los músicos comienzan el segundo tema dl show, “Llévame”, y entonces el anfitrión de la noche aparece en el escenario en medio de la ovación de los presentes. Bunbury hace gala de todo su arsenal de poses y movimientos, encantando al público, saludándolo, acercándose a él; hace gala, también, de una voz intacta, poderosa como siempre. Luego, durante la interpretación de “Diario de un Borracho” nos dice: “¡Esta noche es mía, Licenciado Cantinas, que bueno estar de vuelta!”.

Luego vendrían los más antiguos “De Mayor” y “La Señorita Hermafrodita” y la gesticulación y teatralidad general de Bunbury no descansan. Luego de estos temas vendría el primer momento álgido de la noche, con todo el público coreando a reventar el coro de aquella fiesta que siempre es “El Extranjero”. El frontman se arremanga y golpea el aire como si de un boxeador se tratara mientras comienza otro tema extraído de Licenciado Cantinas, “Odiame”, también con la compañía del teatro entero en los coros. La primera sorpresa llegó con “Una Canción Triste”, un tema pocas veces ejecutado en vivo y que trae consigo, también, otro recuerdo de El Viaje A Ninguna Parte y luego continuaría con otra del mismo gran álbum, “No Me Llames cariño” en una gran versión, con un poderoso solo de guitarra final de parte del calvo Jordi Mena.

Otra fiesta sería “Animas Que No Amanezca” y sus ritmos rancheros y, tras ella, el primer repaso al disco más oscuro de Bunbury, “Las Consecuencias” (2010) con el gran “Los Habitantes”. El público continúa expresando su cariño cantando cada estrofa de las canciones que nos entrega el aragonés hasta llegar a otro momento álgido de la noche con la interpretación de “Sácame de Aquí”, con la audiencia cantando con todas sus fuerzas la frase “está prohibido prohibir”.

Al ver a todo el público recibiendo al español con tanta calidez, resulta difícil recordar que afuera hace frío y posiblemente llueve; dentro del local todo es calor, todo es entrega y es Bunbury en que maneja ese calor desde el escenario.

“Que Tengas Suertecita”, otro clásico ineludible, llega con una gran y poderosa versión, seguida por “El Día de mi Suerte”, también extraída de su último trabajo. Posteriormente otra de aquellas canciones que hablan de la vida errante del español, tanto en lo emocional como en lo físico, “De todo el mundo”, que devuelve la emotividad a un show que, lejos de lo “plano”, nos hace saltar rápidamente de una emoción en otra.

El calor vuelve a subir con los primeros sonidos de “Si”, que es nuevamente fiesta para el público. Más adelante, y mientras comienza lo que sería “El Hombre Delgado que no Flaqueará Jamás”, Bunbury presenta a los integrantes de Los Santos Inocentes y a poco de comenzar a cantar detiene la canción a causa de un altercado en el público cercano al escenario, lo que provoca molestia en la banda y en el resto de los asistentes, que rápidamente abuchean a los involucrados y piden su salida. Es una lástima que ciertas personas empañen shows como el que estábamos presenciando con actitudes que no se condicen en nada con lo que es la figura de este artista, que, como agravante, ya ha pasado situaciones vergonzosas en Chile a causa de la actuación animal de los asistentes, como cuando fueron bajados del escenario en 1996, antes de la salida de Iron Maiden en el Teatro Caupolicán. El momento es tenso, pero al rato la banda retoma su actuación, con Bunbury y los encargados de las cuerdas todos adelante, disparando rock a los asistentes. Terminado el tema, la banda se retira del escenario y el público no espera para comenzar a pedir más.

A los pocos minutos la banda regresa en medio de una ovación, con Enrique dejando a la vista su tatuaje de Héroes del Silencio, e interpretan “Porque Las Cosas Cambian” tras la cual el frontman se disculpa y lamenta por no haber estado más veces anteriormente en Santiago y nos hace saber que no ha sido por culpa suya ni por falta de voluntad. Pero a cambio, su show continúa con otra sorpresa, esta vez tomada del gran disco Flamingos (2002), “San Cosme y San Damián”, que es poesía pura envasada en música y en la cual el vocalista muestra un matiz agudo de voz que pocas veces enseña.

La teatralidad de sus gestos tiene un punto clímax durante la interpretación de “Infinito” (tema que, como dato, también interpreta Raphael y que cantó en nuestro país junto a Beto Cuevas en el festival de Viña del Mar de 2010), en el cual su rostro representa toda la pena que llora un alma por la ruptura del amor.

La banda se retira nuevamente, pero vuelve nuevamente a los pocos minutos con Bunbury diciendo “No nos vamos, no… Está lloviendo y hace frío ¿A dónde van a salir?” Invitándonos así a quedarnos otro momento en su cantina, y para cargar aún más de energía a los presentes, arremeterían con “Bujías Para el Dolor”. Acercándonos hacia el final del show la banda parece cada vez más una banda de amigos y no ya la de una figura con sus acompañantes, se ve la conexión que existe entre ellos y lo bien que lo pasan tocando y eso, además de la calidad mostrada, se agradece.

Antes del cierre vendría “Las Consecuencias” y, como es costumbre, el fin llega de la mano de los sonidos de “Y al Final” y su coro que cantan todos, entregando también todo al hacerlo; Bunbury se saca su sombrero ante el público y se despide, desapareciendo del escenario, pero dejando sobre él a los Santos Inocentes que sorprendería convirtiendo el final del tema en una gran Jam Session que saca largos aplausos de la asistencia.

Acababa así una nueva reunión de Bunbury y sus incondicionales, una reunión en la que se pasó por diferentes emociones, diferentes historias, diferentes etapas y diferentes facetas de un hombre cuya mística lo hace único. Un hombre al cual, por lo mismo, sus fans guardan un respeto igualmente único. Acababa así una nueva reunión con un hombre que tal vez no exista… Ante la duda un Si.

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