El segundo día del festival Lollapalooza Chile fue una fiesta constante de principio a fin; más bien, fueron cientos de fiestas independientes, animadas, cada una, por la música de las bandas que pisaban los escenarios. Grupos de personas bailando y compartiendo; familias completas disfrutando de los shows y el grato ambiente y grupos de personas encontrándose y reuniéndose al calor de la música fue la tónica del día.

Las personas que hacían ingreso al recinto, cercano a las 13:00 hr, corrían directo hacia el Claro/LG Stage, pues era el horario fijado para los norteamericanos Foster The People, que concentraban el grueso de la atención a esa hora. El show de la banda liberada por Mark Foster fue la antesala de toda la fiesta que seguiría de aquí en más, moviendo a la gente con temas como ‘Houdini’, ‘Helena Beat’, ‘Waste’ y ‘Miss You’. Si bien algunos temas no lograban la misma fuerza en vivo que en estudio, esto no importaría a los asistentes que ya se tomaban el segundo día de festival como una oportunidad de disfrutar y festejar. La banda repasó gran parte de su disco Debut, “Torches”, dejando satisfecha a la asistencia y a su fanaticada.

Inmediatamente terminado el show de Foster The People, comenzaba en el Coca-Cola Stage la presentación de los ingleses Friendly Fires, otra banda que movería al público a costa de buenas canciones y buen sonido. La gente seguía ingresando y era posible apreciar a gran cantidad de personas bailando al ritmo de temas como ‘Lovesick’, ‘Heart On Fire’ o ‘Paris’. Un show fresco para pasar el calor que a esta altura se tomaba el parque. Los originarios de la mítica cuidad de Seattle, Band Of Horses, hacían presencia en el Claro/LG Stage y el público se movía de un escenario a otro para no perder parte de los shows que se sucedían, uno a uno, sin bajar la calidad. La banda liderada por Ben Bridwell subía para entregar toda su carga de emotividad Rock Pop a través de canciones como ‘Is There A Ghost?’ o ‘Funeral’, logrando buenos comentarios y la atención de los espectadores.

T.V. On The Radio volvía a encender llamas en los asistentes con ritmos acelerados y entretenidas canciones. Su show en vivo es energía pura, pero lo mejor de todo, es que saben transmitirla al público, tanto así que, a pesar de que el sonido no los acompañó y era complicado entender algunas secciones, el ‘fondo’ de su música logró permear a quienes los observaban, manteniendo en alto el espíritu de la fiesta.

Nuevamente cambio de escenario, esta vez para ver a una verdadera leyenda del Rock. Joan Jett, una de las grandes de la música dura, fundadora de uno de los nombres más grandes en la historia del rock facturado por féminas, The Runaways y dueña de una buena cantidad de himnos, se presentaba con su banda The Blackhearts para mantener activo a un público que ya no querría detenerse en su cometido de convertir la jornada final de Lollapalooza en una celebración. Su rock es directo, ganchero y predecible en sus estructuras, lo que hace que no sea necesaria una comprensión o conocimiento previo para disfrutar canciones como ‘Bad Reputation’, ‘Cherry Bomb’, ‘I Love Rock And Roll’ o ‘I Hate Myself For Loving You’. La frescura de su música, a pesar de los años de algunos de sus clásicos, la hizo salir victoriosa del escenario, que era observado por diversas generaciones. A mitad de su show, la cámara voladora que se elevaba en ese momento sobre el escenario chocó con los soportes de la iluminación y cayó violentamente, pudiendo causar algún accidente, pero, por fortuna, nadie salió lesionado y el show pudo continuar sin retrasos.

El Coca-Cola Stage sería nuevamente el protagonista, con Benjamin Goldwasse y Andrew VanMyngarden, los fundadores de MGMT, sobre él. La banda que deleitó con un buen sonido y éxitos como ‘Kids’, ‘Electric Feel’ y ’Time To pretend’, pero a esta altura el público mayoritario comenzaba una división: Los que no se movieron más del Claro/LG Stage, esperando a Foo Fighters, los que quisieron seguir a MGMT y los que repletarían el Perry’s Stage (Movistar Arena) para ver el show de Skrillex.

Afuera del Perry’s Stage la gente corre de un lado a otro tratando de acceder a cancha, los que no lo logran, pues ya está repleta, se conforman con subir a las plateas, solo para encontrarse con que conseguir un lugar en todo el Movistar Arena para presenciar el show de Skrillex era una tarea prácticamente imposible. Los que pueden contemplar la presentación no dejan de sacudirse al ritmo del verdadero “ejército de un solo hombre” que es Sonny John Moore. Como si se tratara de un espectáculo pirotécnico, las paredes parecen vibrar y casi deformarse y volver a su forma al ritmo de la música y la gente grita eufóricamente mientras es rodeada de luces enceguecedoras. Luego del show, el comentario común era simplemente: “Increíble”.

Mientras miles gritaban con euforia durante la presentación de Skrillex, afuera otros tantos miles comenzaban a impacientarse por la salida del plato final de la noche, Foo Fighters. Pasadas las 20:30, suben al escenario Dave Grohl y compañía, cerrando, al fin y en su mejor momento, la deuda que la banda y el músico tenían con sus fans chilenos. El show de Foo Fighters está a un nivel superior, la energía que liberan, la sucesión de grandes canciones, el carisma de su líder, el extenso setlist y las excelentes versiones en vivo de los temas, trabajado cada uno de forma especial, hacen que Foo Fighters en vivo sea un deber para cualquier amante del rock.

La banda se pasea por una gran cantidad de clásicos, como ‘Learn to Fly’, ‘Breakout’, ‘My Hero’, ‘Monkey Wrench’, ‘One Of These Days’, entre muchos otros, logrando, además, una conexión estrechísima con el público, con Dave conversando y motivándolo constantemente. Solo una queja es escuchada de forma general: El volumen es muy bajo, pero eso no fue inconveniente para los miles de seguidores que corearon, hasta quedar sin voz, las canciones que Dave ofrecía.

Poco más de dos horas y media de show fue lo que nos dio Foo Fighters, dos horas y media que pasarían casi sin darnos cuenta, pero al rememorar lo vivido y hacer un recuento de lo presenciado en aquel último show del festival, no podemos agradecer el haber estado ahí, especialmente teniendo clara en nuestras mentes la promesa que nos hizo Grohl: volver prontamente a Chile.

Así se cierra el segundo capítulo de la historia de Lollapalloza en Chile, una fiesta que nos habla de diversidad y apertura, un lugar donde enterarnos de lo que sucede alrededor del mundo en torno a diversos estilos musicales, una oportunidad de aprender e incorporar nuevas sensaciones, pero sobre todo lo anterior, una celebración en honor a una de las invenciones fundamentales del Hombre: La Música.

Fotos: UPI (cooperatival.cl) / EFE / Emol

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