No vamos a poner en duda la calidad musical que los suecos desprenden en el escenario, y alabarla sería redundar en lo de siempre… Centrémonos en el show que estos maestros dieron a su fiel público chileno el día Miércoles en el Teatro Caupolicán.

Luego de una sólida presentación por parte de los chilenos Mar de Grises, se sentían, cada vez con más fuerza, las ansias del público que repletaba el clásico recinto de San Diego, esperando el regreso de Opeth a Chile. A eso de las nueve de la noche, la banda se hace presente en el escenario y, junto a ellos, lo hace también la euforia de los fans. “The Devil’s Orchard” da comienzo al show y el primer vistazo en Chile de su nueva propuesta, con Akerfeldt haciendo gala de su impecable voz. Obviamente, en este regreso a nuestro país, su último disco, “Heritage”, era el protagonista. Pasaría “I Feel the Dark” y luego nos sorprenderían con “Face Of Melinda”, remontándonos a los tiempos del gran “Still Life” (1999).

Akerfeldt, como buen frontman se destaca por esa facilidad de generar dialogo con el público entre cada tema, comentando el paso de la banda por Chile, mencionando a Dio con el tema “Slither” e, incluso, refiriéndose a Steven Wilson de Porcupine Tree (próximo a presentarse en Chile), quien se ha hecho parte de la producción de varios discos de Opeth. “Windowpane”, “To Rid the Disease“ y “Burden”, continuaron con la presentación; temas coreados por los fanáticos en el Caupolicán y que se destacan por pertenecer al estilo un tanto más desenchufado y melancólico de la banda.

Opeth en Chile Opeth en Chile Opeth en Chile Fotos: Christian Iglesias (Cortesía de www.arteinfernal.cl)

“The Lines in My Hand” (con Mikael dialogando y haciendo alusión a las líneas de su mano) y “Folklore” siguieron con lo que sería la puesta en escena del último disco de los suecos. Luego de la dura “The Grand Conjuration”, del “Ghost Reveries” (2005) era necesario escuchar algo de placas anteriores, con aquellos guturales que lograron imponer al líder de la banda como uno de los mejores vocalistas de la escena y, por lo mismo, la intro de “The Drapery Falls” provoco fervor masivo en el teatro, con el público coreando incluso la línea melódica de guitarra.

Como era de esperarse, a mucho más de una hora de concierto, Opeth salió del escenario, pero tras un breve receso, volverían para presentar la última parte del show, que estuvo ligada a los integrantes de la banda, en especial al guitarrista Fredrik Akesson, quien desprendió todo su virtuosismo en un “solo” increíble.

“Deliverance” sería el tema final del segundo paso de Opeth por Chile, dejándonos, quizás, con las ganas de escuchar más de algún tema icono de esta banda sueca pero, a fin de cuentas, temas más o temas menos, lo importante e irrefutable en ellos, radica en lo talentosos que son como músicos, , pues, a pesar de algunos problemas con el sonido y del impasse de Akerfeldt con la correa de su guitarra, fue un show increíble y es gracias a detalles como estos, que en cualquier otro caso serían un desastre, que podemos vislumbrar la calidad de la banda, que está por sobre cualquier desperfecto, que, además, se transforma en calidez cuando pisan un escenario, que tuvimos la suerte de apreciar nuevamente, y que esperamos recibir a futuro para seguir sorprendiéndonos.

Por: C

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