En el mismo lugar en cuyo derredor se libraban batallas por ideales políticos hace unas semanas atrás, se libraban, la noche del martes, otras tantas más en su interior, pero en esta ocasión de carácter más épico y con la fantasía como hilo conductor. Una noche en la cual se invocaron 4 espíritus básicos: El de la Batalla, el de la Furia, el del lamento y el del Festejo.

La audiencia no es masiva, pero es el ejército necesario para levantar el estandarte de las batallas épicas que traen consigo Rhapsody of Fire y hacer suyo el arsenal de himnos que es marca registrada de los italianos, que se llevó nuevamente como regalo el cariño y honor de sus seguidores chilenos.

Los nacionales Inferis fueron los encargados de hacernos escuchar el primer llamado a las armas, haciénose acreedores todo el respeto de los asistentes que siguieron con ánimo el show de la banda. Los chicos de Inferis, con su look casi inocente, pero con una actitud que patea cualquier trasero, mostraron toda su calidad compositiva y de ejecutores de sus respectivos instrumentos con un solo punto que les jugó en contra: El sonido, que fue un poco confuso y la batería demasiado alta para el resto de los instrumentos, pero más allá de aquello, dejaron en claro su potencial y poder en vivo.

Rhapsody of Fire en Chile Rhapsody of Fire en Chile Rhapsody of Fire en Chile Fotos: Julián Pacheco

El primer llamado fue bien acogido por la horda de seguidores de Rhapsody of Fire, ahora solo quedaba la tensa espera de la batalla final, espera que se alargó más de la cuenta, provocando la impaciencia de los asistentes. Los minutos pasaban y a eso de las 21:45 hr se apagan las luces y se escucha la intro de “Act II: Dark Mystic Vision”, poco después, el rugir épico de la guerra se hace presente con “Ad Infinitum” y los músicos en el escenario, preparando la primera invocación al espíritu de la Batalla, que se consuma con la salida de Fabio Lione y la interpretación de “From Chaos to Eternity”. El grupo de avanzada, cercano al escenario salta y canta, como si el honor de la batalla librada fuera de cada uno de ellos.

Lione alienta a la masa pedestal en mano mientras entona el segundo himno de la noche, “Triumph or Agony” y los gritos de los fans son ensordecedores, coreando desde el corazón cada verso a la par con el vocalista.

El segundo espíritu a invocarse, el del Festejo, llegaría con la belicosa marcha guerrera “The March of the Swordmaster”. Saltos y hasta rondas en el público aderezan el canto y rinden tributo a la Fiesta que se vive. El vocalista juega con sus seguidores y les hace cantar mientras cruza, con ellos, los lagos y los bosques sagrados en busca del cruel enemigo.

Cada batalla debe tener sus caídos, y para “Unholy Warcry” la guitarra de Roberto de Micheli literalmente muere y queda en silencio por este y el siguiente tema. Hablando de caídos, otro espíritu debía ser levantado para llorar a aquello que se pierde, el del Lamento, que llegaba de la mano del que Fabio presenta como “un tema especial”, pues es el primero cantado en Italiano por la banda, así, “Lamento Heroico” dejaba sentir la emoción en las tropas.

Nuevamente el vocalista juega con el público, casi como intentando que, a través de aquel juego, la guitarra de su compañero reviviera… Y es lo que sucede cuando, al fin, los técnicos dan con la falla y es así como debía ser, pues nos encontrábamos en la Tierra de los Inmortales. “Land of Immortals” marca el revivir de la guitarra y vuelve a traer el espíritu de la Batalla a las fieles huestes de Rhapsody of Fire, siendo uno de los temas más coreados de la noche.

Alex Holzwarth queda solo sobre el escenario, liderando con sus tambores una marcha que se convierte en un gran solo de batería en cuyo clímax entran Oliver y Roberto para interpretar la sección inicial de “Hot For Teacher”, clásico de Van Halen y es Oliver quien toma el estandarte y sorprende al público con sus técnicas en el bajo, entre las que podemos apreciar arpegios, tappings y hammerings sorprendentemente ejecutados por el músico. Hacia el final del Solo, y acompañado por Alex, lanzan el inicio de la gran “YYZ” de Rush y las tropas de fans aplauden la sección de lucimiento individual de los hermanos Holzwarth.

La Furia sería invocada por vez primera con la dura “Knightrider of Doom”, para luego pasar nuevamente el festejo con ”The Village of Dwarves” y el descanso de los guerreros (tema que, por lo demás, se disfruta mucho más con cerveza, mujeres y animales asados alrededor tuyo). Pero el descanso y las historias oídas en la villa de los duendes pronto darían paso a la Batalla una vez más, en esta ocasión, una en que las huestes de fanáticos se peleaban por estar en la primera línea cantando y saltando, “Dawn of Victory”, sería quizás el más coreado de los himnos de esta épica noche.

El vocalista nos habla de Christopher Lee, que tiene ya 90 años y el público responde con un repetitivo “Saruman, Saruman”, recordando a su personaje en la versión cinematográfica de El Señor de Los Anillos. Tras el recuerdo de quien acompañara originalmente en este tema las voces de Fabio Lione, dejan fluir al Lamento de “The Magic of the Wizard’s Dream”, con el frontman sacando lo más grave de su voz en las partes cantadas por el reconocido actor. Una promesa que los fans no olvidarán es la de hacer una versión en español para este tema que cuenta ya con versiones en otros idiomas.

La tinta de las historias sigue fluyendo dentro del teatro, en algunos momentos con más sangre que en otros, como en “Holy Thunderforce”, donde la Batalla y la Furia corren de la mano, decapitando a malignos enemigos en nombre del honor. Así, invocando al sagrado poder del trueno, concluía la primera parte de un libro que aún no se cerraba.

Luego de cortos minutos, la banda de Staropoli, Lione, Hess, Micheli y los hermanos Holzwarth, reaparece con toda la oscuridad y furia de “Reign of Terror”, en la cual la voz del vocalista parece un chillido infernal que hiela las almas, escupiendo dolor, odio y blasfemia. Sin duda una gran sección del concierto que deja los ánimos en alto para seguir en batalla, pero antes habría un nuevo descanso.

La banda regresa nuevamente, bajo los sonidos de “Epicus Furor” y dejan caer otro de sus inmensos himnos, “Emerald Sword”, invocando una vez más al espíritu de la batalla y los fans haciendo suya cada estrofa. Y, para terminar, nos entregarían Act IV: Erian’s Lost Secrets” y “The Splendour of Angels’ Glory (A Final Revelation)”, cerrando una cita con el honor, la gloria y, principalmente con los espíritus que levanta Rhapsody of Fire, más allá de la ausencia de su principal compositor, Luca Turilli, más allá de la poca asistencia que tuvo esta visita, quizás afectada por la salida del querido guitarrista y más allá de los problemas técnicos o retrasos.

Rhapsody of Fire demostró que puede levantar un show firme sin el peso de los nombres, que puede aún alzarse desde las adversidades para comandar a sus fieles seguidores y es de esperar que lo sigan demostrando también en discos. El libro queda cerrado por esta noche con una buena acogida por los fans, pero la tinta exige seguir escribiendo.

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