Nuevamente Slayer golpeó suelo chileno demostrando el poderío de su arsenal atómico de destrucción masiva del que nadie escapa; el mosh actuó, como siempre, como el centro de la explosión y todos quienes fueron tocados por su música ardieron inflamados por el show de Thrash Metal más brutal que pueda presenciarse.

La detonación y posterior reacción en cadena comienza a las 21:05hr y la introducción de “World Painted Blood” actúa como la radiación nuclear inicial; una vez que los músicos están sobre el escenario y comienza el tema, los rayos gama recorren el Club de Campo las Vizcachas, destruyendo rápidamente organos vitales. Es el espectáculo de la destrucción desatada y para “Disciple” y “War Ensemble”, la radiación genera un pulso electromagnético tal que la masacre está asegurada y sólo queda entregarse a ella, esperando el colapso. Más machacantes y primitivos serían los azotes de “Die By The Sword” y “Chemical Warfare”.

En los intertantos, y siempre acompañado por vítores y gritos de cariño por parte del público, Tom interactúa en español con frases amables como “buenas tardes y bienvenidos ¿Cómo han pasado el día?” y luego vuelve al atque. Por otra parte los solos de Gary Holt, con quien ya habíamos podido ver a la banda, aportan una limpieza poco común en estas secciones y es uno de los comentarios recurrentes post-concierto.

Pasan “Hate Worldwide” y “Mandatory Suicide”, tema al que que Tom presenta diciendo “vamos a cantar una canción de libertad”, mientras el hongo de fuego que es el mosh sigue creciendo y atrayendo cuerpos a su centro, fundiéndolos con los isótopos radiactivos que se forman en su interior, especialmente con canciones como la rápida “Altar Of Sacrifice”, que vendría a continuación; el resto de los espectadores arden espontáneamemte… Aún quienes no gustan del show, reciben quemaduras de hasta tercer grado.

Otro efecto demoledor de las armas de varios megatones como es Slayer, es la onda expansiva, que derriba todo lo encuentra a su paso, esta onda llega entonces con “Post Mortem”, “Snuff” y la brutalidad clásica y esperada de “Angel Of Death”, durante la cual, como si un edificio entero se hubiera desplomado, el polvo sube desde el público cubriendo la vista del escenario, como si fuera el humo sulfuroso emanado del hongo nuclear. Poco queda en pie entonces, salvo el cariño por la banda que, en lo que lleva sobre el escenario, ha entregado uno de los shows más sólidos del día junto a Mastodon.

Con el cielo oscurecido por los humos tóxicos y los escombros amontonados comienzan a caer gotas oscuras y calientes… La lluvia negra comienza con “South Of Heaven”. En el mismo orden que el disco continúa “Silent Scream”, que trae consigo la tormenta de fuego mientras que la lluvia vuelve a intensificarse con “Dead Skin Mask”. El colapso era inminente.

Testimonios cuentan que en Nagasaki, luego de la explosión atómica, los sobrevivientes con los organos irradiados pululaban en busca de agua y bebían incluso de los charcos de sangre… “Raining Blood” traería de su mano ese apocalíptico final.

Irradiados, quemados, aplastados o, a lo menos, golpeados es como se debe salir de un show de Slayer, lo suyo es la potencia, potencia de muchos megatones que, una vez más, se desató en Chile, esta vez de forma masiva gracias a Maquinaria Festival, donde ratificaron su sitial como la banda de Thrash más dura de todas y ratificaron, también, el sitial del Thrash Metal mismo como arma de destrucción masiva.

Por Juan Pablo Rodríguez
Fotografías: Julián Pacheco

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