Desde el último Aggrofest ha pasado tanto tiempo que si una guagua hubiese sido hecha en el evento, ya estaría jugando el último GTA. Y estamos todos más viejos, algunos más gordos, otros más calvos. Pero lo vivido en la Kmasu Premiere fue nostálgico, poderoso y sin lugar a dudas inolvidable. ¿Cuándo fue la última vez que en la escena se logró reunir a tantas bandas, varias ya disueltas, para tocar de nuevo?

A eso de las 11:45 de la mañana abrieron las puertas de la Kmasu Premiere, cuando ya sonaban los primeros acordes de la banda ganadora del concurso para tocar en tan magno evento. Los sureños de Unión tocaron, lamentablemente, con la presencia de un escaso público, ya que la mayoría de los interesados en verlos se encontraban aún en la fila para entrar. Eso no los desanimó y menos a los que desde el principio se encontraban en cancha, cabeceando, vitoreando y aplaudiendo.

Los segundos a salir a escena fueron Interdictos, directamente desde el norte de Chile aportando una sólida muestra de rapmetal de alto calibre en cuanto a crítica social, con dos voces peleándose el protagonismo al mismo tiempo que lo compartían. Fueron ellos los que hicieron hincapié en el hecho de que, efectivamente, estábamos todos más viejos, gordos o calvos. Temas como Esperanza y Cuando Muera Pinochet se tomaron el podio, levantando ánimos de un público creciente que aumentaba minuto a minuto.

Altos quedaron los ánimos cuando el escenario fue ocupado por Alex de la Fuente y Compañía, partiendo 2X con toda la artillería pesada de forma inmediata. Las sirenas sonando de background anunciaban su clásico La Fuerza Policial, tema más contingente que nunca en un año lleno de movilizaciones y represión de parte de las fuerzas del orden. Usando una batería de temas nuevos y viejos, y anunciando su inminente nueva placa, la canción Como Fénix dio lugar después a Juicio y Castigo, Nehuén (nunca dejando de lado nuestros pueblos originarios), Pateando Cráneos y A Romper la Calma. Sector cancha ya estaba llenito y los primeros moshpits se armaron al son de canciones que ya estarían cumpliendo la mayoría de edad.

Las pausas entre banda y banda dieron el tiempo suficiente para ir al baño o buscar algún bebestible, mientras que en este caso, Bushido pasaba a ocupar el podio. Tal vez 2X dejó a la audiencia algo cansada, o simplemente los que fueron a verlos fueron pocos, pero la cosa es que recién al tercer intento se armó un moshpit decente. Las cosas fueron subiendo de tono y con harta participación del público ante clásicos, demostrando ser una de las bandas favoritas finalmente, a pesar de la poca reacción en movimientos bruscos. Hubo mucho cabeceo, coreo y caras nostálgicas.

Luego, directamente desde Viña del Mar, Ieme subió al escenario representando su antigua identidad, Im28z. Partiendo con toda la carne a la parrilla, Dame 50 empezó sus acordes al tiempo que la gente volvía a reunirse en cancha para saltar y vitorear, mosheo old school incluido. Al igual que 2X, hubo una batería de temas viejos y nuevos ordenados para no caer en monotonía, destacando Silencio, Im28z, y el peak máximo alcanzado hasta el momento: Carros de Fuego, gritada a todo pulmón, con zambullida al público y abrazos de camaradería. Álgido punto.

El ambiente gradualmente comenzaba a recordar más al Teatro Novedades a medida que se iban sumando rostros conocidos entre el público y la autodenominada “aggro farándula”. Saludos, improperios llenos de afecto y brindis salpicados comenzaban a ser cada vez más frecuentes entre los asistentes que se saludaban con un “bueeeena c*nchetumare”. Una pausa larga comenzaba a impacientar a todos cuando el podio volvió a ser ocupado.

NoData entró a escena uniformados, enmascarados y moviendo masas automáticamente. Impecables pero breves, los cabros fueron poderosos en escenario y supieron prender a una audiencia que ya estaba acostumbrada al evento y poco le quedaba del entusiasmo inicial de estar en un Aggrofest luego de 10 años de inactividad.

Lamentablemente, con Maldito Destino tuvieron que irse anticipadamente del escenario. El tiempo apremiaba y quedaba mucha agenda por cumplir. El descontento del público se hizo notorio con una lluvia de pifias que resonó en toda la Kmasu.

Fue entonces que a calmar las pasiones llegaron los veteranos de BOA. Con un clásico “quihubo”, inició Extinción, parte de un repertorio lleno de temazos de su primer trabajo. Mosheo instantáneo, una vez más, seguido de un coreado “¡EXTINCIÓN, CONCHET*MADRE!”. Sin dar momento para respirar, siguió Mil Años de Dolor, también gritada a todo pulmón por todos en cancha y palco.

Sin más, nos mandaron a todos a Misa para el domingo para “saludar a Dios” dando comienzo así al tercer tema de su setlist para la jornada, el cuarto track del homónimo del 2001. Entre risas y tumulto continuó demoledoramente el sonido estridente, bajando un tanto las revoluciones con Puerco, aunque sin dejar de golpear a cada segundo con doble pedalera y gutural certero.

Un salto a la última placa de la banda con Amotinado, para después cerrar volviendo a los inicios con Sangre. Lamentablemente a BOA le tocó una mala pasada en su tercera canción, haciendo demasiado eco fuera de cancha y afectando así un poco el sonido. A nadie pareció importarle.

Malas estuvieron las cosas para los que llegaron después al escenario. The Reaktion tocó bien, el sonido los acompañó, tiraron toda la artillería, pero el público no respondió mucho. Algo incómodo se notó el ambiente al tirar tema tras tema y lograr aplausos solo al final, sin coreo, ni saltos, ni nada. La audiencia escuchó en una respetuosa calma, pero al parecer lo que esperaban todos eran temas de Industrial Company Inc., y al no escuchar ninguno, no sucedió nada.

Huija tuvo que llegar a ver si lograban mover a un público algo cansado, logrando prender a todos con mosheo y aplausos entremedio. Trabajo extra para una banda que aparte de batería cuenta con percusionista, con la doble tarea de lograr hacer escuchar ambos elementos en un mar de ruidos no esperados. La acústica de la Kmasu no apañó tanto como se esperaba a la mayoría de las bandas, siendo también este caso. Sin embargo, las cosas lograron reanimarse con La Utopía no es Eterna, y cerraron con gloria.

Otra pausa algo larga para dar paso a otros insignes de lo que fue el “movimiento Aggro” una década atrás. Raza se instaló en el podio y comenzó, como otras bandas antes que ellos, con clásicos destinados a mover a todos de una. Resiste Mapuche comenzó sus percusiones y riffs, con un esperado coreo al llegar a la estrofa que da nombre a tan grande tema. El repertorio continuó con Fe, otro clásico del Alóctono; para saltar a el único tema de su placa posterior, Inercia: Falsas Promesas. Volvieron inmediatamente a los clásicos ante un impaciente público que pedía por más, lanzando todo con Hambre, Por la Razón no la Fuerza, y culminando con Asesino; con una bonita ejecución de trutruca en una preconcebida pausa con aplauso y todo para cerrar la canción con estruendo. Supieron hacerla.

Lo que pasó a continuación tuvo varias posturas distintas. Directamente desde Lima, Perú, …Por Hablar se subió al escenario a atacar rápidamente con una mezcla certera de rap metal. Se hacían ya notorias las dificultades con el sonido de la Kmasu y aún así, los peruanos destacaron en un excelente manejo de vocal a dos voces, lo que sumado a un bajo potente y una batería consistente fueron ganando adeptos en el público. Para ser una banda no tan conocida en este país, nuestros vecinos nortinos dejaron la vara alta. Algunos los tildaron de “los 2X de Perú”.

La nostalgia invadió todo el recinto justo después, cuando luego de otra pausa, Total Mosh avisó su puesta en escena por medio del logotipo en la proyección. Vitoreos de alegría y expectación llenaron el ambiente y fueron completamente respondidos con Enemigo, tirando altiro patadas en la mente a los que pillaron desprevenidos. El sonido fue algo bajo al principio pero pasados unos segundos ya estaban completamente ecualizados.

Justo después, Sobre mi Sangre comienza con aplausos y coreos llenos de nostalgia donde algunos se abrazan, otros se empujan, y otros hacen las dos cosas al mismo tiempo o en intervalos. El mosh se hace presente en el coro, de ahí en adelante no se detuvo con 11 Disparos. Aumentó, de hecho, con Violencia Necesaria, dejando el desmadre en todo cancha, para volver a calmar las pasiones con Ilusión. Se notó que el setlist fue concebido con esta finalidad, exaltar y calmar.

Factor Inhumano fue la canción que continuó con la nostalgia, para culminar con Angel de Insurrección, destacando el sonido limpio del teclado en medio de tanta distorsión de guitarra.

A calmar bastante los ánimos llegó Borde, tal vez la agrupación más melódica que pisó el Aggrofest. Varios cantando de memoria y a todo pulmón cada tema, tanto estrofas como coros por igual, pero poco y nada de mosheo. Una suerte de respiro entre tanto jaleo.

De manifiesto quedó que la dinámica de la jornada fue un tira y afloja entre exaltar y calmar a la audiencia en intervalos. Ahora, para volver a prender, Dion4. Descontrol automático. Gente sin polera, cervezas al aire, mosheo instantáneo, personas gritando al aire con los brazos en alto. Del repertorio, el tema que más destacó fue Despierta, dejando literalmente la zorra en cancha.

Y fue solo el comienzo de lo que sería un marcado y emotivo final. Lupus hizo de la suyas apenas les tocó ocupar la tarima, con el Moncho como tremendo frontman. Podrán odiarlo, pero todos estuvieron pendientes de lo que hizo y no hizo durante el show.

Con un setlist fiel a los inicios de la banda, en contraste a la formación actual, con una bajista a lo Coal Chamber, la banda repasó clásicos como Tírate, Asco y Fe, Sub-Suelo, y cerrando con Agujas de Acero. Un frontman poseído por los viejos tiempos que saltó, pataleó, gritó y hasta se cayó en el escenario, sin dejar nunca de gritar y sacudirse. Eso, sin lugar a dudas, fue aggro.

Con todo lo sucedido, una Kmasu álgida ya no esperaba nada menos en calidad y presencia. Corona de Espinas, homenajeando a Rekiem, subió a escena con un Gino Fuenzalida sonriente y de antemano agradecido por todo lo que estaba a punto de pasar. Muy aggro también su mensaje en la polera, la palabra “PICO” escrita con huincha aisladora en espalda.

De partida con la carne a la parrilla, el setlist comenzó con Ariete, despertando de inmediato a los pocos que ya se estaban apagando entre el público repartido entre cancha y palcos. Recalcando a cada oportunidad que esto era para el público, CDE continuó con Traga, logrando hacer gritar la letra a cada uno de los asistentes. Algo se calmaron las cosas con Todos Flotan, pero con 104 estabilizaron a los durmientes. Entremedio, Gino roció a varios con una pistola de agua, recordando viejos tiempos.

Ahora sí que era necesario un cambio de ritmo, y para el deleite de muchos, los acordes que sonaban anunciaron Novocaína, uno de los “tranquilitos” del Apgar: 0. Todos coreando algo que no se vivía hace una década y algo, para luego ser golpeados de improviso con No Respires. Clásico de clásicos: mosh, salto, grito, canto, abrazos y cerveza se dispersaron por cancha.

Cerrando, Corona de Espinas lanzó Claroscuro, para terminar de botar a quien aún se mantuviese en pie.

El final estaba ahí adelante. Se prendieron las luces de cancha. Todos van al baño, otros se sientan un rato. El final está ahí mismo y lo saben.

Comienza Rey Chocolate. Una deuda gigante con la escena, dicen en cancha. Tocando íntegramente su trabajo del 2000, RCH, que la tiene 14 años. Una ardua tarea, cerrar un show tan largo y con un público evidentemente cansado. Pero el mosh no se detuvo y con ello la banda tampoco, siendo esta última presentación un despliegue de ambas partes, show y público de demostrar que siguen acá, no han muerto, y que quieren dar lo mejor de sí. Y justamente, así fue.

A modo de cierre, se puede decir que el show fue tremendo. Fallas de sonido siempre habrán, y tal vez el local no fue el mejor, pero para ser la primera vez en 10 años que se levanta una producción de estas proporciones, y de todas las cosas que pudieron haber salido mal, el balance final es muy positivo. Se aplaude la gestión y el esfuerzo vertidos en una jornada llena de recuerdos, camaradería, nostalgia, aggrometal y azufre.

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Fotos: Manne Fly