No vengamos con cuentos: el contexto en que tocó Coal Chamber por segunda vez en nuestro país fue complicado. Pero con la recalendarización de Black Veil Brides, los californianos y pioneros del nu metal lograron un show propio e íntimo, ad portas del lanzamiento de su placa Rivals, que los trae de vuelta a las pistas.

Pasadas las nueve de la noche, ante un público preciso y con aguante, bajaron las luces del Teatro Cariola para dar paso a los inconfundibles acordes de bajo y el acompañamiento de bombo y platillos que marcan el comienzo de Loco. La canción que abre la primera placa de Coal Chamber esta vez también dio comienzo al show, generando vitoreo y prendiendo de inmediato a una audiencia impaciente, que por goteo estuvo llegando desde un par de horas antes.

Destacó de inmediato la formación más clásica del grupo, Dez Fafara a la cabeza, y de regreso en el bajo, Nadja Peulen, con una tenida a lo real black pixie de esas que ya no se aprecian mucho en un género musical donde lo masculino es predominante. Miguel Rascón en guitarra y Mikey Cox en batería también mostraron una indumentaria digna de los mejores años de la banda, la primera en tener un estilo más cercano a lo gótico que al hip-hop dentro del género, tanto en estética como musicalmente.

Atacando con más material de los primeros años, los californianos continuaron con Big Truck, sufriendo una interrupción repentina por un corte de energía en el backline y la iluminación del escenario. Más que enfurecer a la banda, aprovecharon para saludar al público y hasta compartir con ellos parte del vino tinto que Dez estaba bebiendo. Como si nada hubiese pasado, volvieron a tocar la canción completa una vez restituida la energía. La banda y los asistentes, todos más maduros.

Fafara está contento. La banda se ve alegre. Se anuncia (o más bien recuerda) que sacarán pronto una nueva placa. Están conscientes de que el público asistente está conformado de fans que han estado desde el principio, o casi. Se confirmó con los vitoreos en inglés y español que recibieron en respuesta, dando inicio al adelanto de su nuevo trabajo: I.O.U Nothing.

Manejándose como saben, en varios años de trayectoria, distribuyeron el setlist de tal forma que revisó todos los trabajos de la banda. Así, tal cual, Fiend comenzó sin previo aviso volviendo a prender a la hinchada, que ya hacía resonar el Cariola demostrando el aguante de los que son fieles.

Las cosas se calmaron un poco cuando Fafara tomó el megáfono. Row Boat comenzó sus primeras notas y el público enganchó el ritmo como si fueran un solo organismo. El impulso siguió para Something Told Me, donde el frontman practicó un poco más su español en el coro con “I’m out of my mind and you’re driving me loco”.

Otra pausa, y de vuelta a los 90’s. Se pregunta abiertamente cuántos están desde el primer álbum, dando inicio a otro temón del homónimo: Clock. El Cariola se sacude con los saltos y el cabeceo, y al finalizar, Dez recibe de parte de la hinchada una bandera chilena con el logo de la banda. Su primera bandera, nos asegura. “So much respect”.

El show va bien encaminado a estas alturas y el público está entregado. El triple combo de Drove, Not Living y Dark Days dejó a varios con las emociones a flor de piel. Otra pausa para I, donde Fafara agradeció el aguante de todos por venir a pesar de la cancelación de Black Veil Brides. Solemnemente, se acercó a un niño de unos 10 años que vino con su padre al show, le dio un apretón de manos y valoró la presencia de la nueva generación.

Sin salir de la solemnidad, se nos volvió a recordar el inminente lanzamiento de Rivals, la nueva placa, con la canción que lleva el mismo nombre. A continuación, las cosas se serenaron con No Home, para luego volver a prenderse con Oddity. Coal Chamber sabe cómo llevar las riendas de sus shows.

Ya es el momento de cerrar. Se vuelve a agradecer la presencia a pesar de las complicaciones dando inicio a otro clásico. Todos coreando “The Roof is on Fire” con Sway, encendiendo por última vez el ánimo en el Teatro Cariola. Al finalizar, muchas caras contentas, y aplausos que fueron desde el escenario al público y viceversa. No hubo encore esta vez, todos sabían a lo que venían.

Aún con todo reciente respecto a lo sucedido en Doom, y las ideas de entrar por avalancha que salieron de forma irresponsable en redes sociales, se notó la madurez de un público fiel que entendió lo complicado del contexto en que Coal Chamber se presentó por segunda vez en suelo chileno. Alrededor de 400 personas hicieron más ruido que nunca en el Cariola y demostraron lo que significa una fanaticada fiel.

Otra movida de Transistor, que logró sacar a flote un show que muchos ya veían por perdido ante la recalendarización de Black Veil Brides. Se agradece el esfuerzo.

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