Foo Fighters ya había pisado suelo nacional en un Lollapalooza. Pero al parecer, Dave Grohl y compañía no tenían idea de la fama de los chilenos en cuanto a conciertos, del género que sea. Los ojos de todos en la banda brillaron ante un público que casi les roba el protagonismo.

A eso de las nueve se volvieron a iluminar las luces de la Pista Atlética del Estadio Nacional, para el plato principal del show que dio inicio a la gira mundial de estos estadounidenses para el 2015.

Con el sol recién poniéndose en el poniente, Dave Grohl, Taylor Hawkins, Pat Smear, Nate Mendel y Chris Shifflett subieron al escenario de forma directa y sin presentaciones, atacando de inmediato a un público algo desprevenido luego de 40 minutos de show que dieron previamente los teloneros internacionales, Kaiser Chiefs. Previamente, los nacionales de Los Mox! se encargaron de abrir todo el evento, ante un público bastante escaso.

This is a Call fue el primer tema que Foo Fighters lanzó a la galucha, dando cuerda al público para que luego, tiempo después, fuera la banda la impresionada con el volumen de los gritos.

Learn to Fly vino después con los ánimos arriba, siguiendo con Arlandria, y no dejando a nadie tranquilo con The Pretender, dejando más la escoba en el público. My Hero calmó algo las pasiones (énfasis en “algo”), para continuar con I’ll Stick Around y algo de su último trabajo, In the Clear. Y así, como si nada, más de media hora pasó de golpe. Grohl ya había notado para entonces la efervescencia del público chileno, asegurando que es uno de los más locos que ha visto.

El frontman ya los tenía a todos en el bolsillo cuando empezó a presentar oficialmente a la banda, recibiendo de parte de la hinchada peticiones de un solo. Nate Mendel no quiso, pero interpretó en conjunto de sus camaradas un extracto de Another One Bites the Dust de Queen. Finalmente accedió el guitarra Pat Smear, quien no solo devastó con una ejecución de cuerdas, sino que rompió el instrumento a lo rockstar. Finalmente, Taylor Hawkins, el batero más carismático de la temporada, trató de imitar los interludios finales de Freddie Mercury.

Y así se continuó la velada, con A Cold Day in the Sun, logrando cada vez una interacción más directa con el público. Esto llegó a tal punto que Dave los retó por empezar a cantar los temas antes que él, al inicio de Big Me. “Nadie más ha hecho estas cosas en nuestros shows, debe ser algo de chilenos”, comentó sorprendido, recibiendo a cambio un “feliz cumpleaños” cantado por toda la pista atlética, luego de que Hawkins les dijera a todos que el vocal estuvo de natalicio hace un par de días. Como si esto no fuera poco, la banda completa improvisó con el Olé Olé cantado desde el público, sacando risas, aplausos y la sorpresa de los propios músicos. “Ok, ya tenemos otro éxito”, comentó Dave al micrófono.

Con el ánimo por la nubes, Monkey Wrench fue el próximo tema intepretado por los Foo, con un interludio gigante donde Grohl se lució caminando y tocando por las plataformas que se extendían directamente hasta el medio del público en cancha. A esto le siguió Congregation, de su última placa, acompañada en el concepto con imaginería acorde de parte de la producción, que se lució enormemente en la parte audiovisual del show.

Bajando un poco los ánimos, la siguiente movida del frontman fue moverse nuevamente a la plataforma que llega al público, para interpretar Skin and Bones (con acompañamiento de acordeón incluído), seguida de Wheels en el mismo formato íntimo, donde la comunión con los asistentes (de cancha al menos) fue suprema.

En este mismo contexto comenzó Times Like These, versión acústica al principio, llegando a un clímax potente con toda la banda, que todo este tiempo había estado en silencio y a oscuras, para aparecer estruendosamente. Estos chicos saben dar show.

Sin dar tregua, los gringos siguieron con una seguidilla de covers: School’s Out de Alice Cooper, Ain’t talkin’ ‘bout Love de Van Halen, Miss You de The Rolling Stones, Stiff Competition de Cheap Trick (con Grohl cambiando a batería y Hawkins en la voz) y Under Pressure de David Bowie y Queen.

El tiempo parece estar acabándose y Dave Grohl lo hace notar, logrando a cambio una abucheada gigantesca de toda la pista atlética. “¿Quieren que toquemos todo lo que podamos hasta que nos pille la hora?” preguntó con una mezcla de enojo y risa, y al tener respuesta, comenzó su asalto final con All My Life, dejando nuevamente la zorra en cancha.

A esto siguió These Days y Outside, gritadas y cantadas por todos, para llegar a un álgido momento con Best of You. A este punto la banda ya no podía disimular su asombro ante un público tan prendido, que acompañó con canto incluso en las partes donde Dave ya dejaba notar cansancio.

“Gracias por ser el mejor público en la primera noche de nuestra gira”, dijo conmovido, y agregando que no cree en esto de los “encores”, la mejor forma de terminar la noche era con Everlong.

Así concluyeron casi tres horas de show de calidad, donde la banda supo aprovechar los elementos audiovisuales de apoyo en tres pantallas (una de fondo en el escenario mismo, dos laterales de apoyo), y complementaron casi todo lo tocado con efectos, aparte de un excelente uso de cámaras para los que atrás en cancha y las galerías laterales no los podían ver bien.

Aunque sin una promesa de regreso, la sonrisa de Grohl y compañía al concluir el show dejó de manifiesto de que ese “¿ustedes creen que deberíamos volver?” se concretará eventualmente, al tiempo que la nota final de Everlong se dejó estar por varios segundos más, mientras la gente comenzaba a irse del recinto. Una despedida emotiva para un espectáculo para el recuerdo.