Los caprichos de la geografía nos sonríen: en pleno otoño para el hemisferio sur, ha aparecido el nuevo disco de Katatonia, intitulado The Fall of Hearts. La banda sueca juega en el campo de lo “melancólico”, habiendo hecho carrera capturando sentimientos de pérdida interior y exterior. Se trata de una banda fronteriza entre el rock y el metal, que pone el acento en las atmósferas por sobre la técnica, y que en este frío otoño nos entrega un nuevo capítulo en su carrera marcada por transiciones paulatinas hacia nuevos sonidos. [ot-link url=”http://aggresion.net/evento/katatonia/”]Aprovechando su próxima visita a nuestro país el 31 de agosto[/ot-link], poco antes de que acabe el invierno, aprovechemos de dar un vistazo a lo nuevo y a lo viejo que nos traen estos suecos.

Sus inicios en los 90’s se hallan en un Death-Doom más melódico, pero tras abandonar los guturales y avanzar hacia un sonido con guitarras más modernas (dejando de lado esos elementos del goth rock y shoegaze con que marcaron sus primeras huellas) Katatonia comenzó a dar pasos tímidos pero firmes hacia un sonido más progresivo desde el álbum Night is the New Day (2009). En efecto, hoy Katatonia ya no halla referentes en The Sisters of Mercy; tampoco hermandad con My Dying Bride ni Paradise Lost. Hoy Katatonia es más cercana a Riverside y Opeth (el disco Damnation es una buena referencia). Pero tampoco pensemos que su identidad se ha perdido.

Aunque la banda ha hecho cambios, a un oído poco interesado le costará distinguir las novedades que aporta The Fall of Hearts sobre los últimos cuatro álbumes de la banda. La voz de Jonas Renkse es la gran responsable; su timbre no ha variado sustantivamente en los últimos 15 años; sus trucos siguen en registro del ritmo y la enunciación más que en su rango. Pero a estas alturas del juego, Renkse transmite mayor madurez y comodidad. Mucho le debemos a sus letras, que utilizan un vocabulario más amplio y reflejan una nostalgia más vitalizada. Renkse nunca fue de hacer acrobacias con su voz, sino de armar relatos; no arriba de una arena frente a miles de espectadores, sino sobre la silla de una cárcel frente a un ser querido encerrado.

¿Qué hay del resto de la banda? La respuesta es tan simple como paradójica: suena como Dead End Kings (2012; y también como Night is the New Day, es cierto), pero distinto. Evolucionado. Maduro. Katatonia ha capitalizado en todos esos jirones de rock/metal progresivo para expandir sus composiciones. La guitarra acústica se ha integrado con una naturalidad envidiable; las guitarras dejan de lado ese chugging e irritación urbana del Viva Emptiness y del The Great Cold Distance (2006) para dar lugar a riffs más expansivos y enérgicos.

Hay un empuje que se expresa en forma sutil a través de la instrumentación, que brinda a todo The Fall of Hearts una presencia imponente. Temas como Serein, Last Song Before the Fade y Passer están permeados de una energía que rara vez se les escucha a estos suecos, sobretodo Passer con sus furiosos solos de guitarra. Donde Katatonia antes andaba cabizbaja, ahora camina erguida y a paso firme.

Otra cosa son Takeover y Serac. Las guitarras de Anders Nystörm y la batería de Daniel Molanden marchan con seguridad por sus más de 7 minutos de duración, atravesando distintas secciones en estructuras que no se limitan al simple verso-coro de antaño. Como pocas veces ocurre con Katatonia, los riffs de guitarra pueden considerarse como los elementos más destacables de la canción.

Pero que nadie se quede con la idea de que el éxito de Katatonia en este disco reside en un par de temas más largos y rápidos. Shifts y Pale Flag  siguen un formato más acústico a la usanza de clásicos como Idle Blood, mientras Old Heart Falls brilla con su hímnico coro. El conjunto es suficientemente variado como para entretener por su duración de más de una hora; The Night Suscriber en particular incorpora prodigiosamente contrapuntos de teclado y guitarra acústica, resultando en una de las canciones más variadas en la historia de la banda.

A mi parecer es Residual la que merece ser destacada como la insignia de este álbum, sintetizando magistralmente todos sus elementos. Esos versos donde la guitarra acústica ondea con la voz suave de Renkse –en una onda similar al tema New Night– quedarán registrados como un momento culmine en la carrera de los suecos.

El tiempo dirá si resiste con tanta fuerza como Brave Murder Day o el variado Last Fair Deal Gone Down (2001). Lamentablemente el índice de memorabilidad no alcanza las cuotas del excelente The Great Cold Distance; como casi todos los discos de la banda, toma un buen tiempo descubrir todos esos detalles con que adosan cada canción. Pero si ni Serac ni Residual acaban por convencer al melómano de que este nuevo disco no es más de lo mismo, pues nada lo hará.

Reconozcamos entonces que The Fall of Hearts explora con más ambición territorios donde antes apenas asomaban su cabeza, y que gracias a ello siguen encontrando nuevas alturas desde donde inyectarnos una dosis de vieja melancolía. Ni tan nuevo ni tan viejo, es una excelente adición y esperanzador nuevo paso en su destacada carrera.

P.D.: Como es habitual con estos suecos, los bonus tracks son esenciales. Destaca la guitarra de Greg Mackintosh (Paradise Lost, Vallenfyre) en Wide Awake in Quietus y la acústica Sistere.

Recordemos que el 31 de agosto Katatonia se presentará en Chile. La primera preventa ya está agotada. Entradas a través de sistema Puntoticket.