Este sábado 9 de abril de 2016 se dieron cita tres frontwoman ligadas a la escena del metal en el Teatro Cariola. Una noche de ambiente bastante agradable, donde un recinto lleno acogería con ánimo y respeto un conjunto bastante variado de música.

Con algunas sorpresas, problemas de sonido y momentos íntimos, la jornada de la que les hablaremos ahora me parece prueba fehaciente de que los conciertos no se tratan de virtuosidad, ni siquiera de tener la agrupación que toca las mejores canciones, sino de lograr un encuentro entre los músicos y su audiencia lo que realmente vuelve inolvidable una noche (aunque de todos modos cada una de las vocalistas presentes debe considerarse una voz virtuosa por cuenta propia.)

Crisálida

A las 19:30 horas, con una puntualidad digna de un reloj suizo, comenzó la agrupación chilena oriunda del rock/metal progresivo. Con un setlist centrado en su más reciente lanzamiento Tierra Ancestral ofrecieron el show más “metal” de la noche.

El escenario contaba con diseños del Terra Ancestral –bastante buenos por los demás- dando a entender que no eran comprendidos como unos meros openers, y es que la banda dejó clarísimo que se han ganado su lugar en la escena nacional y en el show que nos convoca. La mezcla de sonido, que priorizaba la distorsión de la guitarra, impidió escuchar con claridad la voz de Cinthia durante Cabo de Hornos, canción con que iniciaron la noche, pero afortunadamente fue equilibrado a media canción. Si bien comenzaron ante poco más de una centena de espectadores, el público fue enganchando cada vez más.

Como fue común durante toda la noche, los ojos –y los gritos- tomaron a la frontwoman Cinthia como principal objeto de atención, y no es para menos. Su desempeño vocal fue excelente –a pesar del ya mencionado problema con el sonido- y su energía sobre el escenario contagiosa. Por un momento sus gestos me parecieron un poco extraños, pero a los pocos minutos me sentí encantado por su convicción y seguridad. Ataviada de un llamativo vestido Cinthia se movió, cabeceo con los miembros de la banda y cantó cada estrofa con evidente pasión.

Pero no se trata solo de la vocalista. Cada miembro de la banda se lució con sus instrumentos y se complementaron perfectamente. Los riffs eran perfectamente cabeceables y las melodías preciosas. Por odiosas que sean las comparaciones, debo señalar que su sonido me parece heredero de aquel Mandylion de The Gathering pero modernizado y “hecho en Chile”. Como ya se ha señalado en la reciente entrevista que Cinthia concedió a esta página, sus temas y atmosferas son distintivamente nacionales, evocando la diversidad geográfica y antropológica del territorio que habitamos, elaborados en composiciones de excelente calidad instrumental y de composición.

Me gustaría destacar acá la canción Morir aquí, no solo porque fue mi favorita, sino que despliega en pocos minutos la clase de banda que es Crisálida. Podemos escuchar un precioso y memorable coro, el cual es solo repetido una vez: la segunda mitad de la canción es completamente instrumental, contando con un excelente solo de guitarra, una batería acelerada, un contagioso bajo y teclados, siendo todo tan memorable como la mitad cantada.

Tras 6 temas y una performance impecable la banda abandonó el escenario muy agradecida de la recepción, no sin antes invitar al público a sacarse fotos y conversar cerca del área de merchandising.

Kari Rueslåtten

Que Crisálida y Anneke hicieran un buen show era algo que me esperaba, pero de quien no esperaba nada era de Kari, quien fue vocalista de The 3rd and The Mortal en aquellos años cuando floreció el metal gótico como un derivado del death-doom, tomando elementos sinfónicos e integrando voces femeninas. Hablamos entonces de otra pionera del género, compañía natural para Anneke esta noche.

Si tuviera que calificar con una sola palabra la presentación de Kari, diría “íntima”; si tuviera que describir mi reacción más visceral, diría “no puedo creer que necesitara esto”. Un micrófono, una guitarra (sin distorsión por el 90% del tiempo) y un piano bastaron para hacer unos 50 minutos acogedores. La voz de Kari fue delicada y dulce incluso cuando dejaba de cantar para dirigirse al público, mostrando una actitud tan positiva y alegre que acabó por encantarme incluso si la música no era de mi predilección. Es que fue un giro de 180° respecto a lo que estoy acostumbrado para un show de “metal”, incluso si ya conocía algo de la obra solista de esta cantante.

Fue en este show íntimo donde apareció lo mejor y lo peor del público, en aspectos que ya muchos conocemos. Por un lado, los asistentes respondieron enérgicamente a la llegada de Kari para después escuchar su bonito folk pop con un respeto casi solemne, animándose nuevamente cuando anunció que tocaría Why so Lonely? (canción de sus días con The 3rd and the Mortal), respondiendo a todos sus comentarios e incluso acogiendo bastante bien al guitarrista que acompañó a Kari esta jornada. Sin embargo, los comentarios del público entre sí y los sonidos causados por los juguetes de los camarógrafos amateur me distrajeron bastante cuando Kari cantó sin acompañamiento instrumental. Lo destaco porque fue justamente el momento más íntimo de la noche, donde la atmósfera litúrgica que generaba la reverberación y el eco sobre la voz de Kari resonó en todo el teatro. El problema, por supuesto, es que sin instrumentos más que la voz los ruidos que genera el público se vuelven salientes y por lo tanto distractores. Lo mismo se puede decir de todos los brazos elevados: ningún puño o cuerno, solo cámaras digitales y celulares tratando de captar la angelical disposición de la cantante.

Con To the North, la titular del último disco de Kari, dio por finalizada su hora de la noche. En retrospectiva, habría que señalar que en esta última canción Kari utilizó un rango vocal más amplio que en todas las otras canciones, mientras la guitarra aprovechó al máximo la poca distorsión que tenía para asumir un papel un poco más importante que antes. En ese sentido el show podría calificarse de homogéneo –aunque es probable que acá mi poca familiaridad con la obra de la cantante sea lo que nuble mi percepción- pero no por ello menos encantador, ofreciendo un sonido y un espacio sorprendentemente acogedor.

Anneke con The Gentle Storm

Ha pasado un año desde que Anneke presentó junto a Kari y Liv como The Sirens en nuestro país, y también ha sido un año desde que apareció el excelente disco de The Gentle Storm. Si bien no contamos con la presencia del señor Arjen, la excelsa vocalista que explotó en la escena junto a The Gathering vino muy bien acompañada con su banda. Como es sabido, The Diary fue un disco conceptual cuyo éxito residió en la diversidad de su instrumentación y lo memorable de sus canciones; además resaltaba su presentación en dos CDs: una versión “Gentil” donde brillaba esa diversidad instrumental, y una “tormentosa” que sumaba una instrumentación más rock/metal. La presentación tomó esta segunda versión como base, relegando los sonidos sinfónicos y folklóricos al playback, siendo la única particularidad la inclusión de Marcela en el conjunto.

¿Cómo fue la nueva presentación de Anneke (y The Gentle Storm) en Chile? Resumamos y aprovechemos de decir lo feo de una vez: La primera parte del show fue dedicada a The Diary (bien); luego Anneke sola con una guitarra acústica (bien); pero en el último segmento del concierto, donde se tocó una variedad de temas de la carrera de Anneke, ocurrió algo con el sonido: el micrófono de Anneke se acoplaba cuando llegaba a sus tonos más altos, lo cual era particularmente notorio cuando era acompañada por la voz de Marcela. Este pequeño gran detalle manchó una presentación que, en todos los otros sentidos posibles, fue absolutamente impecable y más.

No es ningún fanatismo –no soy asiduo seguidor de su carrera- ni una idealización antojadiza: Anneke es sencillamente una de las mejores voces y frontwoman con las que cuenta la escena del metal. Esta mujer canaliza todas las energías de los presentes –la banda, el público, la música- para transformarla. Cabecea y baila cada riff con la mayor naturalidad del mundo; toca su cuerpo como graficando que siente cada nota de cada canción; transmite de forma quinésica las vibraciones de la música, moviéndose con el propósito de formar parte de algo más grande que ella, aunque sea precisamente sobre ella misma que todos dirigen sus ojos. Esta mujer es un encanto, vestida de forma elegante, moviéndose y cantando con tanta feminidad, pero a la vez demostrando que una mujer no necesita simular pertenencia al imaginario masculino del metal para encarnar algunos de sus más potentes ideales: pasión y talento.

Es una suerte que la voz de Anneke haya sido tan prolífica con los años. E incluso si no lo fuera, las canciones de The Gentle Storm habrían hecho de la noche una excelente experiencia, con canciones como la dramática The Storm (donde la voz de Marcela ofrece un excelente contrapunto) o el animado sencillo Heart of Amsterdam, donde el público saltó gozoso de sus sonidos folk.

Como ya adelantábamos, el setlist incluyó bastantes covers como para dejar contentos a los fanáticos de la carrera de Anneke. Pudimos escuchar un par de temas de Ayreon, Agua de Annique, un muy bien recibido cover acústico de Pink Floyd e incluso uno del loquillo Devin Townsend, con quien Anneke se ha lucido en los últimos años (¡lástima que no aprovecharon de tocar Hyperdrive!). Y como era de esperar, fueron los temas de The Gathering los que más ánimos despertaron en el público, que gritó de manera ensordecedora ante los primeros atisbos de Eleanor y Strange Machines.

La banda que acompañó a Anneke cumplió sobradamente, aprovechando uno que otro momento para lucir sus talentos sin caer en la virtuosidad por la virtuosidad (y, digámoslo, tampoco es que la clase de material que tocaron se prestase mucho para eso). Marcela en su rol de segunda vocalista fue una grata sorpresa, donde su voz de soprano llegó incluso a pelear protagonismo con nuestra pelirroja, ganándose la aprobación y cariño del público.

A modo de conclusión, quisiera rescatar la diversidad del cartel que se pudo disfrutar esta jornada. Crisálida, Kari, Anneke; si bien todas ligadas a la escena del metal, cada una ofreció un show diferente, cuyos méritos merecen ser valorados bajo sus propios términos. Por supuesto, Anneke fue –con justa razón- la estrella de la noche, pero pude hallar en Kari un momento de inesperada belleza y en Crisálida la confianza de contar en nuestro país con una banda de tan alto nivel con un sonio tan propio.

La experiencia de estar en un show de este nivel, cuya capacidad para transmitir y generar emociones roza la locura, es justamente aquello que nos mantiene a los melómanos asistiendo a los conciertos. Hasta me pareciera que fueron aquellos minutos donde estas vocalistas, en su rol de frontwoman, establecieron diálogos con el público, aquellos que facilitaron el dichoso encuentro.

Por: Gustavo Avendaño

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