Lollapalooza día 1, un paseo por los escenarios.
01/04/2012
J.P Rodriguez (97 artículos)
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Lollapalooza día 1, un paseo por los escenarios.


Mucho calor, poca sombra y un día largo por recorrer, pero la efervescencia de la gente en el primer día del festival Lollapalooza Chile 2012 -el deber que significaba estar ahí- hizo olvidar esto en gran parte, y es que el festival se yergue como una posibilidad de aunar estilos, generaciones, formas de ver la música y, por qué no, la vida y, también, como una vitrina a lo que sucede en el ámbito musical a nivel mundial, en un solo lugar y de la mejor forma, en vivo.

Luego de que Dion abriera los fuegos, seguido del hijo de, Adanowsky, Fernando Milagros, El Sueño De La Casa Propia y la interesante banda de “Rock infantil” Mosquitas Muertas, subía al Coca-Cola Stage el ex Bersuit Vergarabat, Gustavo Cordera, que levantó el ánimo e hizo bailar al público que comenzaba, a esa hora, a ocupar el recinto, y lo hizo con temas como ‘Se Cae’, ‘El Lisiadito’ o ‘No es que sea viejo’, en un show que seguramente tomó por sorpresa a varios por su calidad y, también por ver a Cordera en clave solista a pesar del largo tiempo pasado desde la disolución de Bersuit y de su ya estable carrera en solitario.

Más tarde, en el Claro Stage, podían escucharse los ritmos de alabanza a Jah, por parte del germano Gentleman, en una presentación en que, tanto los seguidores, como los que lo venían recién a conocer en este festival, bailaron y recibieron la bendición del cantante, que agradeció en repetidas ocasiones por ser ésta su primera vez en Chile y, a través de canciones como ‘Celebration’, mostró gran parte de su trabajo musical.

Si la fiesta debía continuar, Gogol Bordello serían los encargados de confirmarlo con su “Gipsy Punk”, que elevaba la vibra al nivel más alto hasta el momento, con el frontman Eugene Hütz saltando de un lado a otro con su guitarra y soltando, una tras otra, verdaderas rafagas de ritmo gitano empaquetado en temas como “My Companjera”, “Inmigrant Punk” o “Not a Crime”; el baile es obligación con esta banda y esa obligación fue cumplida por los asistentes.

Al otro extremo del Parque O’Higgins, en el sector más fresco donde esconderse del Sol, el Alternative Stage, subía una de las bandas nacionales más esperadas, Los Tetas, recientemente reunidos para revivir la gloria de la que fuera, quizás, la mejor banda de funk del país. Su paso por Lollapalooza se caracterizó por ser una especie de “transfusión de pulso” entre los instrumentos de los músicos y la gran cantidad de público que llegó a presenciar su actuación. Dentro de su setlist, con temas como ‘Planeta Funk’, ‘Primavera’ ‘La Medicina’, se dieron tiempo para protestar por la muerte de Daniel Zamudio con ‘Contra Viento y Marea’ y, también, de apoyar a los movimientos sociales actualmente alzándose en Chile, como el movimiento estudiantil y las protestas por mejoras a la calidad de vida en Aysén. Su presentación concluiría con una coreada ‘Cha Cha Cha’, que dejaba con ganas de más al público, pero aún quedaba mucho festival por presenciar.

Poco después del acto de Los Tetas, comenzaba su show, en el Perry´s Stage, Derek Vincent Smith, más conocido como Pretty Lights, cuyos ritmos, que mezclan Hip-Hop. Funk y sintetizadores causaban euforia en los asistentes; las imágenes de fondo y las luces, sumadas al alto volumen de la amplificación, ayudaban a crear este ambiente que, en este escenario, se mantuvo hasta el fin.

Afuera, en el Coca-Cola Stage ya se presentaban Los Jaivas, clásicos e invitados siempre de lujo a este tipo de eventos, la fusión de estilos de la banda y su arsenal de clásicos mantuvo la atención de los asistentes de principio a fin y es que, como siempre, es difícil despegar la vista de este grupo de virtuosos, de los dedos de Claudio Parra al piano, de la vertiginosa batería de Juanita,  del Rickenbacker azul de Mario Mutis y del multi intrumentista Carlos Cabezas. Su show contó con canciones como ‘Amor Americano’, ‘Pregón Para Iluminarse’, su versión progresiva de ‘Arauco Tiene Una Pena’, entre muchos otros clásicos del “cancionero popular” chileno.

Uno de los números que causaba más reacciones disímiles en los días previos al festival, así como el de Mazapán, era el de 31 Minutos, espectáculo que terminó siendo el que más aunó estilos y edades. El espacio para público del escenario Kidzapalooza se vio ampliamente superado por las personas que llegaban coreando, desde lejos, las canciones del programa de TV infantil. Entre los asistentes a este show, llamado “Tuliopalooza”, había niños y viejos, metaleros y hip-hoperos, rudos y no tan rudos, todos cantando los temas, que eran acompañados en escenario por músicos como Felipe y Pablo Ilabaca, este último, autor de gran parte de las canciones.

En el Claro Stage, a eso de las 18:45 hr, subía uno de los números imperdibles para los amantes del rock en cualquiera de sus vertientes, Cage The Elephant. La joven banda entregó lo mejor de sí, a pesar de ciertos problemas técnicos en un show de alta intensidad. Los Estadounidenses, que recuerdan los sonidos de la experimentación sonora en clave rock de finales de los ’80 y principios de los ’90, actitud incluida, se paseó por canciones como ‘Aberdeen’ ‘Lotus’, ‘Indy Kidz’o la frenética ‘Japanese Buffalo’, en las cuales el vocalista Matthew Shultz se robaba la película, corriendo y saltando de un lado a otro del escenario, de hecho el frontman finalizó el show de pié sobre las palmas del público, para luego desplomarse sobre él. Pura actitud y calidad que daba paso a uno de los platos fuertes de la jornada, Arctic Monkeys.

Puntuales, como todas las bandas, suben al Coca-Cola Stage Arctic Monkeys. La banda inglesa sube asestando un fuerte golpe de sonido Garage, con  ‘Don’t Sit Down ‘Cause I’ve Moved Your Chair’ y, de ahí en más, el público seguiría entregado el mandato de los rockeros. El show tuvo pocos interludios y poca conexión hablada por parte de la banda, en cambio, eligieron el lenguaje de la música para mover a la masa de fans que esperaban por ellos. Guitarras  “juguetonas” y entretenidos ritmos en ‘The View From Afternoon’, energía pura en ‘Brianstorm’,  suavidad y matices en ‘The Hellicat Spangled Shalalala’ fueron parte del set de 20 temas que presentaron, entre los que, inevitablemente, estaban ‘I Bet You Look Good On The Dancefloor’ y ‘Fluorescent Adolescent’ para alimentar de energía a una jornada que estaba a punto de expirar.

La pieza final del puzzle que fue recorrer los escenarios para cada asistente, llegaba de la mano de la Islandesa Björk. Antecedida por sus músicos y por el coro que le acompañaría en su presentación, la pequeña cantante sube al escenario para comenzar lo que sería una verdadera ceremonia, con ella como sacerdotisa y encantadora de masas. La fuerza que transmite Björk sorprende, la calidez y fuerza de su voz sobrecoge y su show, diseñado para apelar a las emociones, cautiva. ‘Cosmogony’, ‘Hunter’ y ‘Thunderbolt’ bastaron para comprender el show de la Islandesa, con sus hipnóticas gráficas, sus bailes, sus acompañamientos corales que podían ser melódicos o caóticos y la simpleza que rodeaba todo que escuchábamos. Más temas ofrecidos por la pequeña cantante fueron ‘Jöga’, ‘Mouth’s Cradle’, ‘One Day’ y ‘Pagan Poetry’, entre otros, cerrando su show en Lollapalooza con un encore que traería al que es, quizás, su mayor clásico, ‘Army Of Me’, terminando, así, una día largo día… Largamente esperado, también.

La calidad de las bandas en esta primera jornada (y en el festival en general) era excelente y, en este primer día, la organización, la producción, los horarios y el sonido pasaron largamente la prueba, dándonos la confianza de que lo que venga después sea igual o mejor, pues esto es solo la mitad de una historia.

Foto: Agencia Efe

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